Ambos entramos en una habitación espaciosa, con mesas grandes en filas, cuatro filas en total, con taburetes, dos en cada mesa justo detrás de estas.
El profesor, llamado Fernando, un tipo alto y delgado, moreno con ojos grises esperaba sentado en su mesa.
-Bueno, ¿y quien eres tú?-preguntó levantándose de la mesa, caminando hacia nosotros.
-Soy nueva-susurré. Tan bajo, que creí que el profesor no me escucharía.
-Así que eres Samantha, ¿verdad?-yo asentí en silencio.
-Bien, bien-murmuró antes de dirigirse de nuevo a la clase, con una sonrisa.
Suspiré aliviada cuando no me hizo caso, ese profesor no me daba buena espina.
Caminé de nuevo con Harry hasta el final de la clase, sentándome junto a él, al lado de una chica pelirroja.
-Soy Ane, tú debes de ser Sam-dijo con una preciosa sonrisa, dejando a la vista un hoyuelo que le daba un aspecto más dulce y cariñoso.
Su pelo naranja caía en hondas sobre su espalda hasta la mitad de ella. Tenía unos ojos verdes hermosos, que se escondían tras unas bonitas gafas negras.
-Si, esa soy yo-contesté sonriendo.
Ane parecía una buena chica, con sus pecas sobre el puente de la nariz y sus mejillas, dándole un toque de niña pequeña muy tierno.
-Encantada-dijo ella.
-Lo mismo digo. ¿Estás en mi clase?-pregunto, pues no recuerdo haberla visto.
-Si-contestó ella-. Pero no suelo llamar mucho la atención, soy mas bien reservada.
-Es que no recordaba verte-contesté.
-Hola, Ane-saludó Harry al darse cuenta de con quien hablaba.
-Hola, Harry-contestó ella sin dejar de sonreír.
El profesor interrumpió nuestra charla comenzando a hablar sobre lo que teníamos que hacer hoy.
-Parece maja-le susurré, refiriéndome a Ane.
-Lo es-contestó él en el mismo tono-. A veces un poco tímida, pero buena chica.
Sonreí antes de prestarle atención al profesor.
En verdad, ella no parecía una mala compañera, y no me importaba ser su amiga, era bastante amable.
-Hoy haréis un dibujo de tema libre, solo diré que lo recogeré al terminar la clase y que contará para la nota final, así que esforzaros-comentó el profesor.
Sonreí mientras Harry me pasaba un folio.
-Gracias-susurré-. Eres el mejor.
Él sonrió de oreja a oreja antes de besar mi mejilla fugazmente.
Observé el folio en blanco, mordiendo mi labio, pensando en qué podía dibujar. Sonreí pensando en un pájaro, con las alas extendidas como si fuese a volar.
Amaba los pájaros. Ellos eran libres, tenían libertad para poder volar por donde quisieran, nadie los detenían. Eran hermosos, surcando el cielo con sus majestuosas alas.
Comencé a deslizar mi mano por el papel con el pájaro enmi mente. Mi brazo se movía lentamente, trazando todas las líneas necesarias.
-Impresionante-susurró Harry observando mi dibujo casi terminado-. Eso es impresionante.
Sonreí antes de girar mi cabeza para verlo, feliz de que a alguien le gustara.
-Gracias-contesté con mi mayor sonrisa.
El profesor apareció de la nada a mi lado, observando el dibujo con determinación.
-Bonito-susurró él-. Pero debes mejorar esas líneas. Mira, así-murmuró antes de rodearme con sus fuertes brazos, atrapándome entre su cuerpo y la mesa, haciendo que me pusiera tensa.
Cerré los ojos intentando calmarme, mientras él seguía con sus brazos alrededor, recalcando las líneas y mejorando el boceto.
Sus brazos se pegaban a mi cuerpo, mi espalda contra su pecho, reteniéndome.
-Eso es-murmuró él con la cabeza a mi altura, susurrando en mi oído-. ¿Ves? Así mejor.
-¡Profesor!-gritó una alumna dos mesas más adelante.
-Ya voy, Emy-contestó el profesor, antes de soltarme e ir hacia aquella chica a la cual quería por haberme salvado.
Suspiré de alivio, con lágrimas en los ojos, cerrados fuertemente intentando no recordar aquellas escenas....
-Sam-susurró Harry-. ¿Estás bien?
Negué con la cabeza, sin abrir loa ojos.
-Estás pálida. Ven, vamos a la enfermería-murmuró él antes de dirigirse a Fernando-. ¡Profesor! -el aludido se giró para vernos-. Ella no se encuentra bien, necesita ir a la enfermería.
Este asintió sin hacer mucho caso mientras Harry me ayudaba a levantarme.
-Vamos, ven-susurró guiándome hasta la salida.
En cuanto la puerta se cerró detrás nuestra, él me abrazó fuertemente.
-Lo siento, lo siento-susurró-. Ese cabrón debería de meter las manos en otro lado.
-No pasa nada, Harru-dije, apoyando mi cabeza contra él.
-Si, si pasa. Yo te quiero y no quiero que tú estés mal por ese jodido cabrón.
-Shh-susurré calmándolo-. Ya, Harry tranquilo. Ahora ya está. Solo necesito ir al baño, mojar mi cara.
-¿Estás bien, princesa?-susurró pegando nuestras frentes-. Sam, dios mío, ¡estás ardiendo!
-Solo es un simple mareo...-susurré.
-No, no. Nada de eso. ¡Tienes mucha fiebre!-contestó histérico.
-¡Harry!-protesté mientras él me llevaba entre sus brazos, bajando las escaleras-. ¡Bájame! ¡Vamos a caer!
-Nunca te dejaría caer, Samantha-murmuró él bajando lentamente, sin bajarme en ningún momento.
-Harry Edward Styles Cox-murmuré-. ¡BÁ-JA-ME!
-Quieta, fiera-contestó riendo-. No te voy a bajar. Vamos a ir a que te vean, y punto.
-Cabezota..-refunfuñé.
-Y tú más-contestó él.
-Si fuese más cabezota te habría ganado-protesté de brazos cruzados mientras pasábamos por el pasillo, donde Rubén nos miraba curioso con una ceja levantada desde Secretaría.
-Es verdad, tienes razón. Soy un cabezota-murmuró-. Está enferma-le dijo a Rubén-. Pero como es una cabezota y no quiere ir a enfermería, tuve que recurrir a otros medios para traerla.
El secretario comenzó a reír a carcajadas mientras Harry seguía avanzando.
-¡Una bonita manera!-gritó para que lo escucháramos, pues nosotros ya estábamos lejos.
-¿¡Verdad?!-contestó Harry con una sonrisa- ¡De las mejores, y muy eficaz!
Dí un pequeño puñetazo en su hombro en señal de protesta, aunque él ni se inmutó.
-Pero no te enfades, pequeña. Pero si lo hago por tu bien-murmuró, pegando nuestras frentes y chocando nuestras narices-. Si yo te quiero.
-No, aléjate de mi-contesté separándome-. Yo a ti ya no te quiero, eres malo, muy malo-bromeé, intentando parecer seria.
-¡Por faa!-dijo él con un puchero, rogando que lo perdonara.
-Mmmmm....- dije para picarlo-. Me lo pensaré.
-Ahora la mala eres tú. Dices que no me quieres-volvió a pegarnos-. Pero yo te amo-susurró, antes de juntar nuestros labios.
Mientras me besaba, él me bajó lentamente, sin separar ni un solo momento sus labios de los míos. Pasó sus manos a mi cintura, mientras yo lo rodeaba por el cuello.
-Vámonos-susurró él al terminar el beso, sonriendo.
Abrió una puerta a nuestra derecha, dejando a la vista una habitación con varias camillas a lo largo de ella, con una señora no muy mayor sentada en una silla detrás de un escritorio.
-¡Vallas pintas que traes, chiquilla!-dijo en cuanto me vio.
Entre las bromas de Harry, el enfado y el beso, había olvidado por completo el mareo y el dolor, pero ahora volvían de golpe.
Me llevé una mano a la frente mientras retrocedía un paso, chocando contra el cuerpo de Harry quien me agarró.
-Tráela hasta aquí, chico-dijo ella murmurando, dando pequeños golpes con su mano a la camilla más próxima.
Lo vi asentir antes de que mis pies se elevaran del suelo, y sonreí hacia Harry, media adormilada.
Él me posó suavemente sobre la camilla, quedándose a mi lado mientras ella correteaba por la habitación, en busca de a saber qué.
-Dios mío-dijo cuando se acercó mas a mi-. Estás muy pálida, chiquilla. Y muy delgada, casi en los huesos. Seguramente sea la falta de nutrición. Te mareaste, ¿verdad?-preguntó ella. Yo asentí-. Claro, claro. ¿Cuándo fue la última vez que comiste?
-Pues...hace dos días, creo-susurré.
-Tienes que comer, muchacha. Cualquier día te da algo y no estará el chico para salvarte.
Enrojecí mientras asentía. La mujer caminó hacia un mueble, sacando de él unos bollos y un zumo.
-Toma, come-dijo dejándolos a mi lado-. Después irás a la cafetería y comerás un bocadillo, ¿vale? Ahora tengo que irme, volveré en unos momentos.
Volví a asentir mientras ella salía por la puerta. Después giré mi vista para encontrarme los ojos de Harry, quien me miraba entre enfadado y preocupado.
-¿Por qué no has comido?-susurró mirándome fijamente.
-No tenía hambre-mentí.
-Sam....ambos sabemos que eres incapaz de mentirme. Por favor, ¿qué ocurre?-preguntó con paciencia.
-Si he comido-susurré mirando al suelo-. Pero he vomitado.
-¿Por qué no me lo dijiste antes?-murmuró tratando de mantenerse tranquilo.
-No quería que te preocuparas ni te enloquecieras por unos simples vómitos-contesté-. Además, tienes tu vida, no puedes estar siempre pendiente de la niña tonta. Debes tener tu espacio, y yo no iba a molestarte con tonterías.
-Sam-susurró él acercándose mas a mi y agarrando mi mano-. No son tonterías, ¿vale? Entiéndelo. No me importa mi vida si no estás tú. Amo estar contigo. Amo cuidarte-enumeró-. Amo pasar tiempo a tu lado, porque al fin y al cabo a quien amo es a ti. Así que por favor, no escondas esto. Puede ser muy importante. Jamás me ocultes algo, por favor. ¿Me lo prometes?-susurró apretando mi mano.
-Te lo prometo-contesté suspirando-. Aun así no puedes estar pendiente de mi las veinticuatro horas del día, Harru.
-Ya sé que no puedo, pero créeme cuando te digo que me encantaría.
Sonreí antes de besar su mejilla, para después apoyar mi cabeza en su pecho.
-Ahora, come, por favor-contestó besando la cima de mi cabeza.
-Cabezota...-susurré, agarrando el bollo y mordiéndolo, mientras Harry reía.
-Mucho-contestó con una sonrisa.
El profesor, llamado Fernando, un tipo alto y delgado, moreno con ojos grises esperaba sentado en su mesa.
-Bueno, ¿y quien eres tú?-preguntó levantándose de la mesa, caminando hacia nosotros.
-Soy nueva-susurré. Tan bajo, que creí que el profesor no me escucharía.
-Así que eres Samantha, ¿verdad?-yo asentí en silencio.
-Bien, bien-murmuró antes de dirigirse de nuevo a la clase, con una sonrisa.
Suspiré aliviada cuando no me hizo caso, ese profesor no me daba buena espina.
Caminé de nuevo con Harry hasta el final de la clase, sentándome junto a él, al lado de una chica pelirroja.
-Soy Ane, tú debes de ser Sam-dijo con una preciosa sonrisa, dejando a la vista un hoyuelo que le daba un aspecto más dulce y cariñoso.
Su pelo naranja caía en hondas sobre su espalda hasta la mitad de ella. Tenía unos ojos verdes hermosos, que se escondían tras unas bonitas gafas negras.
-Si, esa soy yo-contesté sonriendo.
Ane parecía una buena chica, con sus pecas sobre el puente de la nariz y sus mejillas, dándole un toque de niña pequeña muy tierno.
-Encantada-dijo ella.
-Lo mismo digo. ¿Estás en mi clase?-pregunto, pues no recuerdo haberla visto.
-Si-contestó ella-. Pero no suelo llamar mucho la atención, soy mas bien reservada.
-Es que no recordaba verte-contesté.
-Hola, Ane-saludó Harry al darse cuenta de con quien hablaba.
-Hola, Harry-contestó ella sin dejar de sonreír.
El profesor interrumpió nuestra charla comenzando a hablar sobre lo que teníamos que hacer hoy.
-Parece maja-le susurré, refiriéndome a Ane.
-Lo es-contestó él en el mismo tono-. A veces un poco tímida, pero buena chica.
Sonreí antes de prestarle atención al profesor.
En verdad, ella no parecía una mala compañera, y no me importaba ser su amiga, era bastante amable.
-Hoy haréis un dibujo de tema libre, solo diré que lo recogeré al terminar la clase y que contará para la nota final, así que esforzaros-comentó el profesor.
Sonreí mientras Harry me pasaba un folio.
-Gracias-susurré-. Eres el mejor.
Él sonrió de oreja a oreja antes de besar mi mejilla fugazmente.
Observé el folio en blanco, mordiendo mi labio, pensando en qué podía dibujar. Sonreí pensando en un pájaro, con las alas extendidas como si fuese a volar.
Amaba los pájaros. Ellos eran libres, tenían libertad para poder volar por donde quisieran, nadie los detenían. Eran hermosos, surcando el cielo con sus majestuosas alas.
Comencé a deslizar mi mano por el papel con el pájaro enmi mente. Mi brazo se movía lentamente, trazando todas las líneas necesarias.
-Impresionante-susurró Harry observando mi dibujo casi terminado-. Eso es impresionante.
Sonreí antes de girar mi cabeza para verlo, feliz de que a alguien le gustara.
-Gracias-contesté con mi mayor sonrisa.
El profesor apareció de la nada a mi lado, observando el dibujo con determinación.
-Bonito-susurró él-. Pero debes mejorar esas líneas. Mira, así-murmuró antes de rodearme con sus fuertes brazos, atrapándome entre su cuerpo y la mesa, haciendo que me pusiera tensa.
Cerré los ojos intentando calmarme, mientras él seguía con sus brazos alrededor, recalcando las líneas y mejorando el boceto.
Sus brazos se pegaban a mi cuerpo, mi espalda contra su pecho, reteniéndome.
-Eso es-murmuró él con la cabeza a mi altura, susurrando en mi oído-. ¿Ves? Así mejor.
-¡Profesor!-gritó una alumna dos mesas más adelante.
-Ya voy, Emy-contestó el profesor, antes de soltarme e ir hacia aquella chica a la cual quería por haberme salvado.
Suspiré de alivio, con lágrimas en los ojos, cerrados fuertemente intentando no recordar aquellas escenas....
-Sam-susurró Harry-. ¿Estás bien?
Negué con la cabeza, sin abrir loa ojos.
-Estás pálida. Ven, vamos a la enfermería-murmuró él antes de dirigirse a Fernando-. ¡Profesor! -el aludido se giró para vernos-. Ella no se encuentra bien, necesita ir a la enfermería.
Este asintió sin hacer mucho caso mientras Harry me ayudaba a levantarme.
-Vamos, ven-susurró guiándome hasta la salida.
En cuanto la puerta se cerró detrás nuestra, él me abrazó fuertemente.
-Lo siento, lo siento-susurró-. Ese cabrón debería de meter las manos en otro lado.
-No pasa nada, Harru-dije, apoyando mi cabeza contra él.
-Si, si pasa. Yo te quiero y no quiero que tú estés mal por ese jodido cabrón.
-Shh-susurré calmándolo-. Ya, Harry tranquilo. Ahora ya está. Solo necesito ir al baño, mojar mi cara.
-¿Estás bien, princesa?-susurró pegando nuestras frentes-. Sam, dios mío, ¡estás ardiendo!
-Solo es un simple mareo...-susurré.
-No, no. Nada de eso. ¡Tienes mucha fiebre!-contestó histérico.
-¡Harry!-protesté mientras él me llevaba entre sus brazos, bajando las escaleras-. ¡Bájame! ¡Vamos a caer!
-Nunca te dejaría caer, Samantha-murmuró él bajando lentamente, sin bajarme en ningún momento.
-Harry Edward Styles Cox-murmuré-. ¡BÁ-JA-ME!
-Quieta, fiera-contestó riendo-. No te voy a bajar. Vamos a ir a que te vean, y punto.
-Cabezota..-refunfuñé.
-Y tú más-contestó él.
-Si fuese más cabezota te habría ganado-protesté de brazos cruzados mientras pasábamos por el pasillo, donde Rubén nos miraba curioso con una ceja levantada desde Secretaría.
-Es verdad, tienes razón. Soy un cabezota-murmuró-. Está enferma-le dijo a Rubén-. Pero como es una cabezota y no quiere ir a enfermería, tuve que recurrir a otros medios para traerla.
El secretario comenzó a reír a carcajadas mientras Harry seguía avanzando.
-¡Una bonita manera!-gritó para que lo escucháramos, pues nosotros ya estábamos lejos.
-¿¡Verdad?!-contestó Harry con una sonrisa- ¡De las mejores, y muy eficaz!
Dí un pequeño puñetazo en su hombro en señal de protesta, aunque él ni se inmutó.
-Pero no te enfades, pequeña. Pero si lo hago por tu bien-murmuró, pegando nuestras frentes y chocando nuestras narices-. Si yo te quiero.
-No, aléjate de mi-contesté separándome-. Yo a ti ya no te quiero, eres malo, muy malo-bromeé, intentando parecer seria.
-¡Por faa!-dijo él con un puchero, rogando que lo perdonara.
-Mmmmm....- dije para picarlo-. Me lo pensaré.
-Ahora la mala eres tú. Dices que no me quieres-volvió a pegarnos-. Pero yo te amo-susurró, antes de juntar nuestros labios.
Mientras me besaba, él me bajó lentamente, sin separar ni un solo momento sus labios de los míos. Pasó sus manos a mi cintura, mientras yo lo rodeaba por el cuello.
-Vámonos-susurró él al terminar el beso, sonriendo.
Abrió una puerta a nuestra derecha, dejando a la vista una habitación con varias camillas a lo largo de ella, con una señora no muy mayor sentada en una silla detrás de un escritorio.
-¡Vallas pintas que traes, chiquilla!-dijo en cuanto me vio.
Entre las bromas de Harry, el enfado y el beso, había olvidado por completo el mareo y el dolor, pero ahora volvían de golpe.
Me llevé una mano a la frente mientras retrocedía un paso, chocando contra el cuerpo de Harry quien me agarró.
-Tráela hasta aquí, chico-dijo ella murmurando, dando pequeños golpes con su mano a la camilla más próxima.
Lo vi asentir antes de que mis pies se elevaran del suelo, y sonreí hacia Harry, media adormilada.
Él me posó suavemente sobre la camilla, quedándose a mi lado mientras ella correteaba por la habitación, en busca de a saber qué.
-Dios mío-dijo cuando se acercó mas a mi-. Estás muy pálida, chiquilla. Y muy delgada, casi en los huesos. Seguramente sea la falta de nutrición. Te mareaste, ¿verdad?-preguntó ella. Yo asentí-. Claro, claro. ¿Cuándo fue la última vez que comiste?
-Pues...hace dos días, creo-susurré.
-Tienes que comer, muchacha. Cualquier día te da algo y no estará el chico para salvarte.
Enrojecí mientras asentía. La mujer caminó hacia un mueble, sacando de él unos bollos y un zumo.
-Toma, come-dijo dejándolos a mi lado-. Después irás a la cafetería y comerás un bocadillo, ¿vale? Ahora tengo que irme, volveré en unos momentos.
Volví a asentir mientras ella salía por la puerta. Después giré mi vista para encontrarme los ojos de Harry, quien me miraba entre enfadado y preocupado.
-¿Por qué no has comido?-susurró mirándome fijamente.
-No tenía hambre-mentí.
-Sam....ambos sabemos que eres incapaz de mentirme. Por favor, ¿qué ocurre?-preguntó con paciencia.
-Si he comido-susurré mirando al suelo-. Pero he vomitado.
-¿Por qué no me lo dijiste antes?-murmuró tratando de mantenerse tranquilo.
-No quería que te preocuparas ni te enloquecieras por unos simples vómitos-contesté-. Además, tienes tu vida, no puedes estar siempre pendiente de la niña tonta. Debes tener tu espacio, y yo no iba a molestarte con tonterías.
-Sam-susurró él acercándose mas a mi y agarrando mi mano-. No son tonterías, ¿vale? Entiéndelo. No me importa mi vida si no estás tú. Amo estar contigo. Amo cuidarte-enumeró-. Amo pasar tiempo a tu lado, porque al fin y al cabo a quien amo es a ti. Así que por favor, no escondas esto. Puede ser muy importante. Jamás me ocultes algo, por favor. ¿Me lo prometes?-susurró apretando mi mano.
-Te lo prometo-contesté suspirando-. Aun así no puedes estar pendiente de mi las veinticuatro horas del día, Harru.
-Ya sé que no puedo, pero créeme cuando te digo que me encantaría.
Sonreí antes de besar su mejilla, para después apoyar mi cabeza en su pecho.
-Ahora, come, por favor-contestó besando la cima de mi cabeza.
-Cabezota...-susurré, agarrando el bollo y mordiéndolo, mientras Harry reía.
-Mucho-contestó con una sonrisa.
Me encanta la novela ya crei que no ibas a subir mas capitulos preo aun asi seguia revisando la novela lor si subias y mira me lleve una sorpresa, espero que no pase lo que creo que va a pasar asi que espero sorprenderme en fin, que no tardes tanto en subir otra vez por favor un beso
ResponderEliminarQue va, no es que la hubiese dejado, es que soy una completa baga xD
EliminarOye, pasara lo que tenga que pasar e.e
No tardaré tanto, prometido
Gracias por comentar!