sábado, 25 de enero de 2014

Capítulo 11.

Después de comer los bollos y tomar el zumo, comencé a sentirme lo suficientemente mejor como para levantarme, aunque Harry no me dejaba caminar demasiado.
La enfermera volvió después de varios minutos. En cuento me vio, me obligó a tumbarme de nuevo.
-Veo que tienes mejor aspecto-dijo aquella mujer-. Me alegro, pero debes pasar media hora aquí hasta que venga tu padre a recogerte y..
-¿¡QUÉ?!-chillé levantándome de golpe.
-Tu padre. Le he llamado para que venga a buscarte. Debes esperar aquí y...-ella siguió hablando, pero yo ya no escuchaba.
-No...-susurré mirando a Harru, horrorizada.
Él, en cambio, agarró mi mano mirándome y tiró de mi, contando en silencio hasta tres. Echamos a correr rápidamente, saliendo de la enfermería dejando a la mujer gritando que volviéramos, pero nosotros la ignoramos totalmente y corrimos como dos locos por los pasillos hasta llegar a la salida del insituto.
Seguimos corriendo durante bastante tiempo, agarrados de la mano hasta que no pude más y comencé a debilitarme y mirar borroso.
-Ha...Harry-susurré antes de que él se parase mirándome preocupado. 
-¿Estás bien?-preguntó Harry entre jadeos.
-Solo...dame...un...momento-contesté, intentando recuperar el aire, apoyándome en él.
-Tranquila, nos hemos librado de esta....-susurró Harru abrazándome.
-Si, pero ahora sabe en qué instituto estoy, Harry. Tengo miedo...-dije sollozando.
-Espera, ven-murmuró él tirando de mí hasta sentarnos en la hierba, bajo un árbol. 
Ahí fue cuando me di cuenta donde nos encontrábamos.
Estábamos en un bosque espeso, lleno de altos árboles por todos lados, con sus hojas en distintos tonos, algunas cubriendo la hierba del suelo.
Él se sentó en el suelo, obligándome a sentarme en su regazo, donde posé mi cabeza contra su cuello, respirando su aroma mientras las lágrimas brotaban de mis ojos en silencio.
-Shhh-intentó calmarme-. Ya está, tranquila. No llores pequeña-susurró pasando su mano por mi cabello, peinándolo y acariciando.
-Ten...go mie..e..do, Ha...ha..rry-balbuceé.
-No llores por favor-contestó él apretándome contra su cuerpo-. No voy a permitir que nada malo te pase, ¿me escuchaste? Absolutamente nada.
Seguí llorando en su pecho durante mucho tiempo, mientras él me acariciaba e intentaba consolarme de cualquier forma posible.
No quería volver a pasar por la misma pesadilla, no podía soportar pensar que aquel hombre podía volver a hacerme lo mismo de nuevo. No quería, y tenía mucho miedo de que él me encontrase y me alejase de Harry.
-Deja de llorar, por favor...-susurró acariciando mi mejilla-. Ven conmigo, quiero enseñarte un sitio.
Lo miré fijamente antes de forzar una pequeña sonrisa triste, mientras él limpiaba mis lágrimas.
Me levanté del suelo extendiendo mi mano para que él se agarrase y se levantase, cosa que hizo, para después, con una sonrisa, besar mi mejilla.
-Vamos-contestó comenzando a entrar en el bosque, dejando atrás la entrada de éste, donde habíamos estado anteriormente.
Las ramas pronto aparecieron por el suelo, haciendo que tropezase varias veces, a punto de caerme si no fuese por la mano de Harru que me sostenía fuertemente.
Cuando estábamos a punto de llegar, según me había informado Harry, este me levantó del suelo haciendo que soltase un pequeño grito seguido de una carcajada..
Para no caerme, deje mi cabeza caer contra él, pasando mis brazos por su cuello, cerrando los ojos y disfrutando de la sensación de sentir sus brazos rodeando mi cuerpo, protegiéndolo.
Pronto la tristeza volvió a mi cuerpo mientras derramaba otra lágrima.
-Lo siento-susurré sorbiendo mi nariz-. Siento todo eso.
-¿Por qué te lo sientes? No es tu culpa, no pasa nada-contestó el en otro susurro.
-Debe de cansar estar todo el día detrás de una llorona, cargando con ella y aguantando sus lloriqueos constantes.
-Sam-contestó él mirándome a los ojos rápidamente antes de alzar la vista de nuevo, para no caernos-. Ya te dije que amo estar contigo, que te amo. Por favor, créetelo de una vez. Me da igual que estés llorando. Y bueno, si es así, yo haré todo lo posible para quitarte esas lágrimas de tus bonitos ojitos. Voy a estar a tu lado para animarte, apoyarte en todo lo que necesites. Y si en ese caso es un hombro en el que llorar, aquí tienes el mío. Nunca me cansaré de estar a tu lado, pequeña. Eres alguien muy importante para mí como para perderte. 
Sonreí levemente acurrucándome más contra él.
-Gracias-susurré mientras el seguía caminando-. Gracias por todo.
-De nada-contestó él-. Pero no llores, princesa.
-Te quiero-farfullé cerrando los ojos.
-Yo también te quiero-respondió sonriendo.
Después de otros minutos en completo silencio en el cual yo no había abierto los ojos, sentí como él se paraba de golpe, susurrando un "hemos llegado".
Abrí los ojos y observé donde me encontraba.
Seguíamos en el bosque, pero frente nosotros se encontraba una pequeña y a la vez hermosa casita de madera oscura.
-Esto es precioso-susurré mirando el bonito y armonioso paisaje que se extendía ante mis ojos.
-Lo encontré hace unos años. Está abandonada-murmuró él mirando fijamente a la casa-.¿Quieres entrar?-preguntó.
-¿Y si alguien vive ahí? No parece deshabitado...
Él se hechó a reir antes de contestarme.
-Sam, está así por mí, yo la reformé un poco. Ademas, ¿crees que alguien viviría en el medio del bosque? Sería una locura. ¿Y con qué se alimentarían?
-Yo lo haría..-contesté susurrando-. No es tan malo, y hay animales para cazar...
-Sería demasiado peligroso para ti vivir aquí- murmuró mirándome fijamente a los ojos-. No te dejaría, puede pasarte cualquier cosa y yo...-sus ojos se volvieron tristes en un momento, antes de que juntara nuestros labios velozmente mostrando su desesperación y su miedo en él.
Pronto noté algo húmedo y salado en mis labios y abrí los ojos para verlo llorar. Me separé de él y me puse de pie sobre la hierba que rodeaba la casa, mirándolo a los ojos durante unos segundos.
Después, Harry se abalanzó sobre mí abrazándome, intentando esconderse mientras lloraba, con su cabeza apoyada en mi cuello.
-Harry, cielo, no llores, por favor...-susurré acariciando sus rizos mientras escuchaba sus sollozos.
-No...no te...va...vallas...-balbuceó sin parar.
-¿Harry?-pregunté confundida separándole de mí para ver como de sus preciosos ojos descendían lágrimas-. Estás totalmente equivocado. En caso de que alguien se valla, ese eres tú.  Harry, por favor, entiéndelo. Yo te necesito tanto como el aire para respirar. No puedo vivir si no es a tu lado, cariño-murmuré, agarrando su cara con mis manos-. Ya te he dicho que estaré siempre a tu lado. Siempre es siempre. Es una promesa y yo cumplo mis promesas. Quiero permanecer a tu lado toda mi vida. Por favor-susurré pasando mis manos por las lágrimas que surcaban sus mejillas-. No llores...
-Para siempre...-susurró él abrazándome antes de sonreír levemente.
-Eso es-contesté sonriendo mientras limpiaba una última lágrima-. Eres mas lindo con una sonrisa.
-Tú eres linda siempre, aunque te prefiero riendo-contestó él susurrando, la tristeza permanecía aún en sus ojos-. Gracias por eso. No se que me pasó...
-Inseguridad, Harry-contesté agarrando su mano y tirando de él hacia la casa-. Ahora vallamos a ver tus reformas-murmuré sonriendo.

domingo, 19 de enero de 2014

Capítulo 10.

Ambos entramos en una habitación espaciosa, con mesas grandes en filas, cuatro filas en total, con taburetes, dos en cada mesa justo detrás de estas.
El profesor, llamado Fernando, un tipo alto y delgado, moreno con ojos grises esperaba sentado en su mesa.
-Bueno, ¿y quien eres tú?-preguntó levantándose de la mesa, caminando hacia nosotros.
-Soy nueva-susurré. Tan bajo, que creí que el profesor no me escucharía.
-Así que eres Samantha, ¿verdad?-yo asentí en silencio.
-Bien, bien-murmuró antes de dirigirse de nuevo a la clase, con una sonrisa.
Suspiré aliviada cuando no me hizo caso, ese profesor no me daba buena espina.
Caminé de nuevo con Harry hasta el final de la clase, sentándome junto a él, al lado de una chica pelirroja.
-Soy Ane, tú debes de ser Sam-dijo con una preciosa sonrisa, dejando a la vista un hoyuelo que le daba un aspecto más dulce y cariñoso.
Su pelo naranja caía en hondas sobre su espalda hasta la mitad de ella. Tenía unos ojos verdes hermosos, que se escondían tras unas bonitas gafas negras.
-Si, esa soy yo-contesté sonriendo.
Ane parecía una buena chica, con sus pecas sobre el puente de la nariz y sus mejillas, dándole un toque de niña pequeña muy tierno.
-Encantada-dijo ella.
-Lo mismo digo. ¿Estás en mi clase?-pregunto, pues no recuerdo haberla visto.
-Si-contestó ella-. Pero no suelo llamar mucho la atención, soy mas bien reservada.
-Es que no recordaba verte-contesté.
-Hola, Ane-saludó Harry al darse cuenta de con quien hablaba.
-Hola, Harry-contestó ella sin dejar de sonreír.
El profesor interrumpió nuestra charla comenzando a hablar sobre lo que teníamos que hacer hoy.
-Parece maja-le susurré, refiriéndome a Ane.
-Lo es-contestó él en el mismo tono-. A veces un poco tímida, pero buena chica.
Sonreí antes de prestarle atención al profesor.
En verdad, ella no parecía una mala compañera, y no me importaba ser su amiga, era bastante amable.
-Hoy haréis un dibujo de tema libre, solo diré que lo recogeré al terminar la clase y que contará para la nota final, así que esforzaros-comentó el profesor.
Sonreí mientras Harry me pasaba un folio.
-Gracias-susurré-. Eres el mejor.
Él sonrió de oreja a oreja antes de besar mi mejilla fugazmente.
Observé el folio en blanco, mordiendo mi labio, pensando en qué podía dibujar. Sonreí pensando en un pájaro, con las alas extendidas como si fuese a volar.
Amaba los pájaros. Ellos eran libres, tenían libertad para poder volar por donde quisieran, nadie los detenían. Eran hermosos, surcando el cielo con sus majestuosas alas.
Comencé a deslizar mi mano por el papel con el pájaro enmi  mente. Mi brazo se movía lentamente, trazando todas las líneas necesarias.
-Impresionante-susurró Harry observando mi dibujo casi terminado-. Eso es impresionante.
Sonreí antes de girar mi cabeza para verlo, feliz de que a alguien le gustara.
-Gracias-contesté con mi mayor sonrisa.
El profesor apareció de la nada a mi lado, observando el dibujo con determinación.
-Bonito-susurró él-. Pero debes mejorar esas líneas. Mira, así-murmuró antes de rodearme con sus fuertes brazos, atrapándome entre su cuerpo y la mesa, haciendo que me pusiera tensa.
Cerré los ojos intentando calmarme, mientras él seguía con sus brazos alrededor, recalcando las líneas y mejorando el boceto.
Sus brazos se pegaban a mi cuerpo, mi espalda contra su pecho, reteniéndome.
-Eso es-murmuró él con la cabeza a mi altura, susurrando en mi oído-. ¿Ves? Así mejor.
-¡Profesor!-gritó una alumna dos mesas más adelante.
-Ya voy, Emy-contestó el profesor, antes de soltarme e ir hacia aquella chica a la cual quería por haberme salvado.
Suspiré de alivio, con lágrimas en los ojos, cerrados fuertemente intentando no recordar aquellas escenas....
-Sam-susurró Harry-. ¿Estás bien?
Negué con la cabeza, sin abrir loa ojos.
-Estás pálida. Ven, vamos a la enfermería-murmuró él antes de dirigirse a Fernando-. ¡Profesor! -el aludido se giró para vernos-. Ella no se encuentra bien, necesita ir a la enfermería.
Este asintió sin hacer mucho caso mientras Harry me ayudaba a levantarme.
-Vamos, ven-susurró guiándome hasta la salida.
En cuanto la puerta se cerró detrás nuestra, él me abrazó fuertemente.
-Lo siento, lo siento-susurró-. Ese cabrón debería de meter las manos en otro lado.
-No pasa nada, Harru-dije, apoyando mi cabeza contra él.
-Si, si pasa. Yo te quiero y no quiero que tú estés mal por ese jodido cabrón.
-Shh-susurré calmándolo-. Ya, Harry tranquilo. Ahora ya está. Solo necesito ir al baño, mojar mi cara.
-¿Estás bien, princesa?-susurró pegando nuestras frentes-. Sam, dios mío, ¡estás ardiendo!
-Solo es un simple mareo...-susurré.
-No, no. Nada de eso. ¡Tienes mucha fiebre!-contestó histérico.
-¡Harry!-protesté mientras él me llevaba entre sus brazos, bajando las escaleras-. ¡Bájame! ¡Vamos a caer!
-Nunca te dejaría caer, Samantha-murmuró él bajando lentamente, sin bajarme en ningún momento.
-Harry Edward Styles Cox-murmuré-. ¡BÁ-JA-ME!
-Quieta, fiera-contestó riendo-. No te voy a bajar. Vamos a ir a que te vean, y punto.
-Cabezota..-refunfuñé.
-Y tú más-contestó él.
-Si fuese más cabezota te habría ganado-protesté de brazos cruzados mientras pasábamos por el pasillo, donde Rubén nos miraba curioso con una ceja levantada desde Secretaría.
-Es verdad, tienes razón. Soy un cabezota-murmuró-. Está enferma-le dijo a Rubén-. Pero como es una cabezota y no quiere ir a enfermería, tuve que recurrir a otros medios para traerla.
El secretario comenzó a reír a carcajadas mientras Harry seguía avanzando.
-¡Una bonita manera!-gritó para que lo escucháramos, pues nosotros ya estábamos lejos.
-¿¡Verdad?!-contestó Harry con una sonrisa- ¡De las mejores, y muy eficaz!
Dí un pequeño puñetazo en su hombro en señal de protesta, aunque él ni se inmutó.
-Pero no te enfades, pequeña. Pero si lo hago por tu bien-murmuró, pegando nuestras frentes y chocando nuestras narices-. Si yo te quiero.
-No, aléjate de mi-contesté separándome-. Yo a ti ya no te quiero, eres malo, muy malo-bromeé, intentando parecer seria.
-¡Por faa!-dijo él con un puchero, rogando que lo perdonara.
-Mmmmm....- dije para picarlo-. Me lo pensaré.
-Ahora la mala eres tú. Dices que no me quieres-volvió a pegarnos-. Pero yo te amo-susurró, antes de juntar nuestros labios.
Mientras me besaba, él me bajó lentamente, sin separar ni un solo momento sus labios de los míos. Pasó sus manos a mi cintura, mientras yo lo rodeaba por el cuello.
-Vámonos-susurró él al terminar el beso, sonriendo.
Abrió una puerta a nuestra derecha, dejando a la vista una habitación con varias camillas a lo largo de ella, con una señora no muy mayor sentada en una silla detrás de un escritorio.
-¡Vallas pintas que traes, chiquilla!-dijo en cuanto me vio.
Entre las bromas de Harry, el enfado y el beso, había olvidado por completo el mareo y el dolor, pero ahora volvían de golpe.
Me llevé una mano a la frente mientras retrocedía un paso, chocando contra el cuerpo de Harry quien me agarró.
-Tráela hasta aquí, chico-dijo ella murmurando, dando pequeños golpes con su mano a la camilla más próxima.
Lo vi asentir antes de que mis pies se elevaran del suelo, y sonreí hacia Harry, media adormilada.
Él me posó suavemente sobre la camilla, quedándose a mi lado mientras ella correteaba por la habitación, en busca de a saber qué.
-Dios mío-dijo cuando se acercó mas a mi-. Estás muy pálida, chiquilla. Y muy delgada, casi en los huesos. Seguramente sea la falta de nutrición. Te mareaste, ¿verdad?-preguntó ella. Yo asentí-. Claro, claro. ¿Cuándo fue la última vez que comiste?
-Pues...hace dos días, creo-susurré.
-Tienes que comer, muchacha. Cualquier día te da algo y no estará el chico para salvarte.
Enrojecí mientras asentía. La mujer caminó hacia un mueble, sacando de él unos bollos y un zumo.
-Toma, come-dijo dejándolos a mi lado-. Después irás a la cafetería y comerás un bocadillo, ¿vale? Ahora tengo que irme, volveré en unos momentos.
Volví a asentir mientras ella salía por la puerta. Después giré mi vista para encontrarme los ojos de Harry, quien me miraba entre enfadado y preocupado.
-¿Por qué no has comido?-susurró mirándome fijamente.
-No tenía hambre-mentí.
-Sam....ambos sabemos que eres incapaz de mentirme. Por favor, ¿qué ocurre?-preguntó con paciencia.
-Si he comido-susurré mirando al suelo-. Pero he vomitado.
-¿Por qué no me lo dijiste antes?-murmuró tratando de mantenerse tranquilo.
-No quería que te preocuparas ni te enloquecieras por unos simples vómitos-contesté-. Además, tienes tu vida, no puedes estar siempre pendiente de la niña tonta. Debes tener tu espacio, y yo no iba a molestarte con tonterías.
-Sam-susurró él acercándose mas a mi y agarrando mi mano-. No son tonterías, ¿vale? Entiéndelo. No me importa mi vida si no estás tú. Amo estar contigo. Amo cuidarte-enumeró-. Amo pasar tiempo a tu lado, porque al fin y al cabo a quien amo es a ti. Así que por favor, no escondas esto. Puede ser muy importante. Jamás me ocultes algo, por favor. ¿Me lo prometes?-susurró apretando mi mano.
-Te lo prometo-contesté suspirando-. Aun así no puedes estar pendiente de mi las veinticuatro horas del día, Harru.
-Ya sé que no puedo, pero créeme cuando te digo que me encantaría.
Sonreí antes de besar su mejilla, para después apoyar mi cabeza en su pecho.
-Ahora, come, por favor-contestó besando la cima de mi cabeza.
-Cabezota...-susurré, agarrando el bollo y mordiéndolo, mientras Harry reía.
-Mucho-contestó con una sonrisa.