jueves, 14 de noviembre de 2013

Capítulo 8

-Sam-susurraban en mi oído-. Sam, cariño, despierta cielo.
Abrí  los ojos perezosamente para ver a Anne sonriendo, a mi lado, agachada mirando tiernamente como Harry me rodeaba con sus brazos, de un modo protector.
-¿Si?-pregunté susurrando comenzando a despertarme.
-Cielo, creo que tú antes ibas a un instituto distinto al de Harry, ¿verdad?-yo asentí-. Bueno, ahora estás en el mismo que él, espero que no te moleste, pero creí que era conveniente cambiarte por si acaso él te encontraba-murmuró.
-Gracias-agradecí-. Muchas gracias por todo.
-No hace falta que nos las des-contestó antes de acariciar mi mejilla, levantándose con su sonrisa-. Bueno, cielo. Empiezas hoy dentro de un hora, intenta despertar a Harry, a mí nunca me hace caso-añadió riendo mientras salía por la puerta.
Sonreí tiernamente ante aquella mujer. Era como mi segunda madre, que me cuidaba y me ayudaba en todo.
-Si que le hago caso-refunfuñó una voz ronca detrás de mí-. Solo que se está tan bien en cama...que no me quiero levantar. Me da pereza.
Me giré para ver a Harry medio dormido, con los ojos abiertos y los rizos desordenados.
-Buenos días-contesté levantándome de la cama.
-¡Eh!-protestó Harry-. Ven aquí, que me quitaste el calorcito-hizo un puchero, como un niño pequeño al le quitaron su caramelo.
Me reí antes de acercarme a él, pero sin tumbarme de nuevo en la cama, sino como anteriormente estaba Ane, agachada a su lado.
-Vamos, oso perezoso, levántate-dije acariciando sus rizos.
-Jo...-masculló-. Quiero quedarme en cama, contigo.
-Harry-susurré sin dejar de acariciar sus rizos, mientras él cerraba los ojos tranquilo-. Tenemos que ir al instituto, levanta por favor.
-¡No! ¡Quiero que vengas aquí!-dijo al ver que me levantaba.
Tiró de mi mano, haciendo que yo cayera en la cama sobre él.
-¿Ves?-susurró, estábamos demasiado cerca-. Así se está mejor-sus manos se posaron sobre mi cadera, mientras nos mirábamos fijamente a los ojos-. No te muevas de aquí, quédate conmigo.
Sus ojos mostraban que no se refería solo a en ese mismo instante, sino que era una promesa, quedarme toda la vida con él.
-Vamos, tenemos que levantarnos-contesté.
-No me respondiste-susurró.
-Harry, es obvio que voy a estar contigo. Siempre y cuando tú quieras-añadí mirándolo directamente a los ojos.
Él cerró los ojos con una bonita sonrisa, antes de abrirlos y besar mi mejilla.
-Te quiero-susurró.
-Te quiero, también-contesté.
Nos miramos a los ojos durante minutos y minutos que se hicieron eternos, mientras  nos jurábamos miles de promesas de siempre estar juntos.
-¿Siempre?-preguntó.
-Siempre-prometí viendo como él sonreía.
-Debemos levantarnos...-susurró mirando el reloj.
-Venga, señorito-respondí poniéndome en pie-. Levántate de ahí.
Él refunfuñó agarrando mi mano para levantarse, dejando a la vista su cuerpo, solo tapado por sus boxers, pero no me inmuté. Después de una semana me había acostumbrado de verlo pasear por la casa con nada más que esa prenda de ropa.
-¿Por qué no podíamos quedarnos todo el día en cama abrazaditos?Con lo bien que se está...-protestó él.
-Porque a pesar de que me encantaría, no voy a faltar mi primer día de instituto-contesté mientras lo abrazaba.
-Eres mía, no quiero que te vallas de mi lado-protestó triste.
-Harru, no vamos a separarnos-contesté-. Estoy en tu instituto. Y tenemos la misma edad, ¿recuerdas?
-¿Misma edad?-preguntó confuso-. Pero si eres mas pequeña...
-Harry, ¿qué día es hoy?-pregunté intentando que se diera cuenta.
-A 23 de septiembre...-sus ojos se abrieron de golpe-. ¡Es tu cumpleaños!-murmuró.
-Si, es mi cumpleaños.
-¿¡Como he podido olvidarlo?! ¿¡Qué clase de amigo soy?!-comenzó a gritar.
Amigo....era una palabra que no me gustaba entre nosotros, pero era lo único que éramos. Amigos. Nada más que eso, aunque ansiaba ser algo más para él.
-Harry, no pasa nada. Eres un buen amigo. Solo te olvidaste, ¿vale? Es normal, a todo el mundo le pasa. Total, solo es un día más.
-¡No es un día más!-contestó frenético-¡Me he olvidado de tu cumpleaños!
-Harry, para-contesté.
-¡Soy un mal amigo!-insistió sin hacerme caso- ¡No se como he podido olvidarme de t...!
Interrumpí a Harru, cansada, posando mis labios sobre los suyos, haciendo que él dejase de hablar y se sorprendiese.
Cuando reaccionó, él respondió al beso dejando sus manos en mi cadera, pegándose más a mí, profundizando nuestro bonito beso mientras yo pasaba mis brazos por su cuello, jugando con sus rizos.
-Una bonita forma de calmarme-dijo Harry al separarnos, haciendo que mis mejillas se volvieras rojas-. Felicidades, princesa-susurró.
Sonreí antes de abrazarlo, besando su mejilla.
-Gracias...-murmuré.
Me separé lentamente de él, con la cabeza gacha hasta que sentí su mano sobre mi mentón, levantándolo, haciendo que nos mirásemos a los ojos.
Se volvió a acercar besándome de nuevo, cogiéndome desprevenida.
El beso fue corto, sus manos volvieron al mismo sitio que anteriormente al igual que las mías. Un beso precioso, lleno de amor.
-¿Vamos?-susurró.
-Claro-contesté sonriendo tontamente.
Caminé hacia el armario compartido, cogiendo algo de mi nueva ropa.
El día después a que llegara a esa casa, Anne había insistido en llevarme de compras. Ella decía que ir con Harry  no era tan divertido como con una chica, por lo que nos recorrimos todas las tiendas, comprando desde todo tipo de ropas, a una plancha del pelo, hasta incluso maquillaje.
Agarré unos pantalones rojos largos, una camiseta cualquiera y una sudadera gris, que me quedaba suelta.
-¿Tienes tanto frío como para ir con esa manta?-preguntó Harry incrédulo.
-Es cómodo-respondí indiferente. "Y nadie mira mi cuerpo" añadí en mi mente.
-¿Solo por eso?-cuestionó Harry sin creerme.
Agaché la cabeza mirando al suelo. Era imposible mentirle, siempre acababa dándose cuenta.
-No me gusta que me miren-murmuré-. Ya sabes. Él....fue por verme...Y me siento asquerosa...-tartamudeé sin dejar de mirar el suelo.
-Sam, princesa-susurró él agarrando mi mano y tirando de mí, sentándonos en la cama, yo en su regazo-. Eres preciosa, ¿vale? No debes esconder tu cuerpo por nada del mundo, solo por lo que te hizo ese cabrón. No por eso todo el mundo va a hacerte algo, reina. Sé que es difícil para ti-comentó, acariciando nuestras manos unidas, sin dejar de mirarme a los ojos-. Debe de ser muy complicado pasar por eso y seguir adelante. Yo no he pasado por eso, no sé lo que sientes en estos momentos. A veces, tu cara lo muestra, o tus ojos. Pero otras veces es tan difícil intentar saber qué es lo que te pasa....Pero pequeña, yo intento todo lo posible para que sigas adelante-dijo-. Es difícil, pero no imposible. Tienes que ir poco a poco, pero yo estaré a tu lado en cada momento, para agarrarte cada vez que caigas. Para levantarte y seguir adelante a pesar de todo. Siempre estaré contigo. Siempre.
Comencé a llorar abrazando a Harru sin poder aguantarme. Él era tan bueno conmigo...realmente, yo no merecía todo eso.
Él me abrazó, intentando calmarme, acariciando mi pelo y transmitiéndome paz y tranquilidad.
-Ya, ya está pequeña-susurró meciéndonos-. No llores, no puedo verte llorar. Me supera, me parte en dos.
-Harry...-balbuceé dejando mi cabeza sobre su pecho.
-Sh...princesa, no digas nada- murmuró besando mi pelo.
-No te vallas de mi lado, por favor-susurre llorando-. No te vallas.
-No me iré-susurró-. No quiero hacerlo.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Capítulo 7.

Despertar entre los brazos de Harry era algo inimaginable antes. Ahora, era como una rutina.
Desde que vivía con ellos, Harry no se había separado de mi en ningún momento, incluyendo cuando estábamos en casa, o simplemente tirados en la cama viendo la televisión. Cuando salíamos, en cambio, él se mantenía más alerta y a mí el miedo comenzaba a poseerme, por lo que intentaba salir lo menos necesario para no verlo.
No había visto al monstruo en los días que habían pasado, y era algo que lo agradecía, aunque había otra cosa que no había vuelto a pasar y que me mantenía inquieta y triste.
Harry no había vuelto a besarme en ningún momento, y yo comenzaba a pensar que estaba a mi lado por obligación, que él no me quería tanto como solía decir.
Ahora, una semana después, yo estaba sentada en el balcón de la habitación, de noche, tumbada sobre una manta que habíamos dejado ese mismo día, mirando las preciosas estrellas durante minutos y minutos, mientras pensaba en todo lo ocurrido desde que estaba en la casa, pero sobretodo en Harry, en como todo se había enfriado entre nosotros.
Había pasado toda la noche dando vueltas y vueltas en la cama, escuchando las respiraciones profundas de él, indicando que estaba durmiendo.
En cambio, por mi cabeza pasaban demasiadas cosas como para poder dormirme, por eso había salido a las dos de la mañana al balcón.
-¿Sam?-susurró una vocecilla desde la puerta de cristal.
-Hola, Harry-dije con el mismo tono de voz, mientras volvía a ver las estrellas.
Él, en cambio, comenzó a andar hasta llegar a mi lado, donde se sentó mirándome.
-¿Qué te pasa?-murmuró viéndome
-Nada. Solo pensaba y observaba las estrellas.
-¿Solo eso?¿En verdad estás bien?-volvió a preguntar preocupado.
-Harry, de verdad. Estoy bien, ya te dije que solo pensaba-repetí sin mirarlo.
-Sam...-susurró.
-¿Qué?-contesté seca.
-Mírame por favor-continuó.
-Harry, ve a dormir por favor-contesté sin hacerle caso-. Estás cansado, y mañana tienes que ir al entrenamiento de fútbol.
-No me importa, solo dime qué es lo que te pasa-volvió a exigir.
-¡No me pasa nada, joder!-contesté alzando el tono de voz.
-¡Si, si te pasa! ¡Pero no me lo quieres decir! ¿¡Acaso no confías en mí?!-gritó.
-¡Claro que confío en ti! ¡Pero hay cosas que es mejor guardárselas para uno mismo!
-¡Solo cuéntamelo!-exigió.
-¡No!
Él, enfadado, se levantó de golpe agarrándome por las muñecas, levantándome de golpe y pegándome a la pared.
-¡Dímelo!-siseó con la furia grabada en sus ojos.
Y ahí fue cuando exploté y comencé a llorar.
-¡Suéltame, MONSTRUO!-dije, comparándolo con otra persona que me había hecho lo mismo.
-¿Pero qué...?-susurró él confundido como si hubiede despartado de un sueño, dándose cuenta de la situación en la que estábamos.
Entonces Harry bajó su mirada hacia sus manos que apretaban mis muñecas, impidiendo moverme. Se dio cuenta de mis lágrimas.
-Oh mierda...-susurró soltándome, saliendo de su trance.
Aproveché para moverme y escapar lejos de él, tenía mucho miedo a que la escena se repitiese.
Había confiado en Harry plenamente, sabía que él no me haría daño, pero esta vez....
Acaricié mis muñecas, las marcas rojas que comenzaban a mostrarse, vigilando al que antes solía llamar Harru.
-Lo siento, lo siento-comenzó a susurrar él-. No se que me pasó. Yo...joder, lo siento...-él caminó hacia mi, lentamente, haciendo que yo retrocediera asustada.
-Sam, para por favor. Yo no quiero hacerte daño....lo siento tanto. Joder, ¡he sido un completo idiota!
Seguí sin contestar, retrocediendo cada vez mas hasta chocar contra la pared. Tenía muchísimo miedo a lo que él me pudiese hacer. Si había llegado hasta aquel punto...podía llegar aún más lejos.
Harry se arrodilló ante mi, pareciendo indefenso.
-No te voy a hacer nada, créeme, por favor. Te lo juro, princesita. Antes...no sé que pasó, pero perdóname, por favor-extendió una mano hacia mi mientras yo lo observaba, miraba fijamente sus ojos que me suplicaban desesperados que lo perdonara.
Lentamente, extendí mi mano hacia él, para después retirarla unos centímetros de nuevo. No sabía si podía volver a confiar en él. Estaba confusa. Sabía que en el fondo seguía siendo mi amigo, que me protegía y al que quería con locura, pero dudaba de que la escena anteriormente vivida no se repitiese de nuevo.
Pasamos así varios minutos, mirándonos a los ojos, mientras yo pensaba si podía volver a confiar en el.
Harry, cansado, con los ojos brillosos a punto de llorar, comenzó a retirar la mano mientras agachaba la cabeza, pero por impulso la agarré fuertemente haciendo que él la levantara para para verme, sonriendo levemente, sorprendido.
Suspirando, decidí darle una segunda oportunidad.
-Solo no te separes de mí-mascullé mientras tiraba de él para levantarlo-. No vuelvas hacerlo, por favor. Yo...pensé...
-Lo siento, lo siento princesa-contestó él-. Solo estaba estresado, preocupado por ti y por el bestia, no quiero que te encuentre o te haga daño, y me desahogué contigo. Soy un estúpido, lo siento-susurró.
-Sé que eres un estúpido. Solo te pido que no lo vuelvas a hacer. Eso....me hizo recordar al monstruo, pensé que me ibas a hacer daño. Pero se que en el fondo...Eres mi estúpido-contesté antes de esconder mi cabeza en su pecho.
-Seré tu estúpido-prometió, dejando su cabeza sobre la mía mientras me abrazaba-¿Me perdonas?-insistió de nuevo.
-Estás perdonado, pero vamos a dormir-susurré al ver la piel de gallina que tenía Harry.
-Gracias, a pesar del calorcito que me das me estoy congelando-murmuró.
Sonreí antes de besar su mejilla, para entrar en la habitación de nuevo, directa a la cama.
-Ven aquí, arrímate-susurró Harry tirando de mi hacia él-. Me das calor.
Sonreí como una idiota, cerrando los ojos de nuevo dispuesta a dormirme.
-Buenas noches princesita. Duerme.
-Buenas noches Harru-contesté mientras me dormía.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Capítulo 6.

Hablar con alguien de todo lo que me sucedía era algo que me aterraba profundamente. Y aún más, si ese "alguien" eran los padres de Harry.
No los conocía mucho, no había tanta confianza como la tenía con su hijo. Todo era distinto, pero tenía que hacerlo.
Harry y yo habíamos hablado de que no podía seguir viviendo con la bestia, y él sugirió hablar con sus padres, contarle todo, para que así, seguramente, me dejasen quedarme con ellos.
No muy segura yo había accedido, pues no quería que la escena de hace unas horas se repitiese.  Por eso, ahora estábamos en el salón de la casa, sentados en el sofá viendo la televisión, o al menos Harry.
Yo estaba con los nervios a flor de piel, demasiado preocupada por lo que los padres dirían y no estaba como para mirar un programa estúpido.
-Princesa, cálmate por favor-murmuró.
-¿Por qué siempre me llamas princesa?-pregunté curiosa, intentando cambiar de tema para poder calmarme.
-Porque eres mi princesa-contestó-. Mi pequeña y dulce princesita.
Su mano acarició mi mejilla, lentamente mientras yo sonreía tiernamente.
-¿Cómo puedes ser tan....dulce, tierno, cariñoso, amable, cookie, perfecto?-susurré.
-Pues no lo sé-contestó riendo-. Pero te puedo asegurar que tú lo eres más.
-Harru...- murmuré con cariño-. Eres tan tierno...
Él sonrió, con sus mejillas tornándose a rojo.
-Tú lo eres más-susurró.
-Que no. Tú eres más dulce que yo, está claro-contradecí.
-Princesita mía...-murmuró.
-Príncipe mío...-contesté.
-¿Sabes lo mucho que te quiero?
-No más que yo-respondí.
-Imposible, yo...-masculló agachando la cabeza.
-¿Tú...?-incité levantando su cabeza con mi mano.
-Yo...yo..-balbuceó cada vez más rojo-. Yo te....amo.
Cerré los ojos lentamente, disfrutando de esas dos palabras y su significado que él mismo había dicho. Se sentía tan bien hablar con él...Era algo inexplicable como me sentía cuando estaba a su lado. 
Todo el tiempo tenía una sonrisa en la cara a pesar de lo mal que lo hubiese pasado anteriormente. Lo quería, demasiado. Estar con él, besarle....para mí era como si todo el tiempo estuviese flotando en una nube a miles de kilómetros.
-Yo también te amo-susurré, abriendo los ojos para verlo.
Harry se acercó lentamente a mi, pidiéndome con los ojos el permiso.
Me acerqué lentamente mas a él, sonriendo levemente posando mi mano en su mejilla, acariciándolo con cariño, repleta de amor.
Él cerró la distancia hasta posar sus labios sobre los míos, en un beso lleno de mucho amor, cariño, felicidad, ternura...Un beso lento donde mostrábamos todos nuestros sentimientos.
Cerré los ojos mientras pasé mis manos por su cuello, mientras él dejó las suyas por mis mejillas, acariciándome, para después pasarlas a mi espalda, donde comenzó a peinar mi cabello.
-Te amo más-susurró al separarnos, ambos con una sonrisa.
Cuando iba a contestar, el ruido de la puerta nos avisó que alguien había entrado en la casa.
-Harry-susurré separándome de golpe para verlo asustada.
-Tranquila, son mis padres-susurró.
-¡Por eso mismo!-grité murmurando, haciendo que él comenzase a reír-¡No me hace gracia!
-A mí sí-contestó-. Te ves adorable nerviosa.
Rodé los ojos antes de sonreírle tiernamente.
-Venga, cálmate. No va a pasar nada malo, ¿vale? No lo voy a permitir-susurró acercándose antes de presionar sus labios en mi mejilla.
-¡Harry!-dijo la voz de una mujer-¿Tienes compañía?-preguntó entrando en el salón.
Frente a nosotros se posicionó una mujer baja para su edad, delgada, con el pelo ondulado casi rizo cayéndole un poco mas abajo de sus hombros, unos ojos verdes tan bonitos como el de su hijo y una sonrisa encantadora.
-¡Hola!-saludó al darse cuenta de que estaba allí-. ¿Que ha pasado?-murmuró observando mi ropa.
-Mamá....Debemos decirte una cosa. ¿Está Robbin por aquí?-preguntó Harry.
-No...se acaba de ir.
-Mejor, vamos-murmuró mientras tiraba de mí agarrándome y arrastrándome hasta la cocina, donde nos sentamos los tres en la amplia mesa.
Ella extendió sus manos hacia mí, agarrando las mías mientras yo me armaba de valor para hablar y contener las lágrimas.
-¿Estas bien?-murmuró Harry en mi oído-¿Quieres que se lo cuente yo?
Negué con la cabeza, quería contarlo yo sola.
-Desde que mi madre murió...-comencé, para después hablar durante una hora aproximadamente, intentando retener las lágrimas mientras Harry apretaba su agarre sobre mi cintura, dándome ánimos a seguir, al contrario que Anne, la madre de él, la cual lloraba sin interrumpir mi historia mientras yo seguía relatando cada golpe que mi padre me había dado, cada grito y todo mi sufrimiento durante todos esos últimos años.
-Oh, pequeña-gimió Anne entre lágrimas.
Acababa de finalizar mi historia, agachando la cabeza y dejando que los sollozos me invadieran, mientras Harry me abrazaba.
-Eres una persona muy fuerte, Samantha. A tus 13 años, todo lo que has vivido...-murmuró ella mientras se levantaba y rodeaba la mesa, para después estrecharme fuertemente en sus brazos.
En ella no me importaba, era la madre de Harry, una mujer, no me iba a hacer nada y además agradecía profundamente esa muestra de afecto hacia mí, comenzaba a cogerle cariño a la madre de él..
-Te quedarás aquí con nosotros, ¿si?-susurró ella al separarnos-. No se como has podido aguantar todo eso sin decírselo a nadie, pero eso se terminó. Vas a vivir aquí, conmigo y Harry. Y Robbin-añadió en el último segundo-. Ahora vas a tener una nueva familia, mañana nosotras iremos de compras, ¿vale?-dijo sonriendo-. Y bueno...tendrás que ir al médico-susurró.
-¿Al médico?-mascullé con el miedo reflejado en los ojos.
-Si...podrías estar embarazada, o quizás incluso él te pudo pegar alguna enfermedad...
Respiré profundamente intentando mantener la calma mientras Harry pasaba sus brazos abrazándome, estrechándome contra su pecho.
-Shh-susurró contra mi pelo-. Tranquila, Sam. No pienses ahora en eso, lo que importa es que vivirás con nosotros. Mamá, ya hablaremos de eso más tarde. Ahora vamos a dormir, ya es muy tarde y ella necesita descansar.
-Por supuesto, cariño-sonrió ella al ver como escondía mi cara contra el pecho de Harry, abrazándolo.
-Vamos, pequeña-murmuró él agarrando mi mano y tirando de mí hacia la habitación.
Cuando llegamos al dormitorio, Harry comenzó a caminar hacia el baño.
-Oye....Sam...-susurró él muerto de vergüenza.
-¿Si?-contesté mirándolo.
-Yo duermo en ropa interior...-sus mejillas se tornaron rosadas-. ¿Te...molesta?-susurró.
-No, no...-contesté algo avergonzada-. Duerme como quieras. ¿Puedes prestarme una camiseta tuya para dormir?-susurré.
-Por supuesto, elije tú en el armario...-murmuró.
-Gracias-mascullé caminando hacia su armario y cogiendo una camiseta blanca y negra.
La puse rápidamente retirando anteriormente la otra ropa, observándome en el espejo del armario.La camiseta llegaba un poco más abajo de mis muslos, quedándome demasiado grande.
Volví hacia la cama, en la cual me tumbé pasando las mantas por encima de mi, para después acurrucarme de lado con las piernas encogidas como una bola.
Oí el ruido de la puerta del baño al abrirse, indicando que Harry había salido. Después, sentí como la cama se hundía a mi lado,y giré mi cara para verlo sonreír mientras se encogía al igual que yo.
-¿Vienes?-susurró acariciando mi mejilla.
En contestación, sonreí y me acerqué más a él, quien me rodeó con sus fuertes brazos por la espalda, dejando su cabeza descansar sobre mi cuello.
-Buenas noches, princesita. Duerme bien-susurró antes de besar mi cuello y dejar sus manos sobre mi estómago.
-Hasta mañana, príncipe-contesté girándome levemente para besar su mejilla-. Descansa. Gracias por todo.
-Te amo-susurramos los dos al mismo tiempo, para después sonreír tontamente antes de quedarnos profundamente dormidos, los dos abrazados.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Capítulo 5

Desperté al escuchar un ruido fuerte. Abrí los ojos de sopetón, pensando que Harry se había ido y era el monstruo.
Entonces me dí cuenta de que no estaba en el salón, sino en la habitación de Harry.
-¿Harru?-pregunté dudosa.
-¡Lo siento!-contestó él desde alguna habitación de su casa-. Espera ahí un momento, por favor. Ya voy.
Me quedé en su habitación, levantándome de la silla donde estaba y caminando algo dolorida pero curiosa por su dormitorio.
Las paredes eran de un color verde intenso, como sus ojos. Tenía un gran armario pegado a la puerta por la cual se entraba al baño del dormitorio. La cama estaba en el medio de la habitación, en frente al armario y pegada a la otra pared. En ellas había varios posters de cantantes y grupos, ademas de algunas fotos de él, de sus recuerdos.
Observé con una sonrisa una foto pegada al techo de la habitación, rodeada de posters.
Era de un gran tamaño, ampliada, y en ella salía él, con su bonita sonrisa mirando hacia la cámara. A su lado estaba yo, besando su mejilla.
Sonreí al recordar cuando la habíamos hecho. Fue nuestra primera foto, después de conocernos,cuando íbamos caminando por un parque los dos juntos, riendo y hablando. Fue un día perfecto a su lado, él riendo adorable en el parque, divirtiéndonos, jugando juntos.
Subí a la cama y comencé a saltar en ella extendiendo los brazos hasta arriba, intentando coger la foto.
Cuando por fin la despegué, la extendí ante mis ojos sonriendo mientras la puerta de la habitación se abría.
-¿Sam?-preguntó Harry al entrar con una bandeja entre las manos, mirándome curioso y pidiéndome explicaciones con su tono de voz.
-¿Harry?-hablé de la misma manera, girando la fotografía para que él la viera.
-Em....¿qué?-preguntó, con sus mejillas encendidas y mordiendo su labio.
Me reí ante su cara, él estaba muerto de vergüenza.
-No me hagas esto-susurró rojo como un tomate.
-Olle, ¿no estas un poquito rojo?-bromeé mirándolo entre risas.
-¡Sam!-protestó como un niño pequeño.
-¿Por qué tienes semejante foto nuestra pegada al techo de tu habitación?-pregunté sin hacerle caso a su protesta de que pasara de eso.
-Pu...pues...-murmuró agachando la cabeza-¡Porque si! ¿Qué mas te da? ¡No importa!-dijo antes de dejar la bandeja en una mesita y subir a la cama, arrebatándome la foto y pegándola con facilidad de nuevo.
-Lo siento...-murmuré, bajando de un salto de la cama y agachando la cabeza arrepentida-. Solo pensé...nada, déjalo.
-¿Qué?-preguntó girándose rápidamente hacia mí, serio-. Sam, ¿qué ocurre?-susurró bajándose y mirándome.
-Yo...no pasa nada, solo déjalo-respondí evitando su mirada.
-No, Samantha, por favor. Dímelo-exigió.
-¡Solo pensé que te importaba la foto, nosotros! ¿¡vale?!-dije explotando antes de comenzar a llorar.
-Sam, oye. Para. Escúchame. Tú me importas-murmuró levantando mi cabeza para que lo viese-. Me importas mucho. Y la foto, por eso la tengo ahí, ¿vale? Para verla cada vez que me despierte. No llores, por favor, princesa-susurró antes de abrazarme.
-Harru....
-¿Qué? Ah, si, lo siento, lo siento-dijo dándose cuenta de que me estaba tocando.
-No, no, no te apartes. Se que tú nunca me harías daño. Solo....te quiero-murmuré.
Él sonrió ampliamente.
-Te quiero, también-respondió.
Sonreí rodeándolo con mis brazos por su cuello, pegándolo a mí mientras él dejó sus brazos sobre mi espalda.
Después de unos minutos abrazados, sin decir absolutamente nada, decidí hablar.
-Mm...¿Harry?-murmuré.
-¿Si?-contestó él separándose.
-Necesito bañarme-respondí.
-Ah, si, claro, claro. El baño está ahí....coge algo de mi ropa.
-Gracias-susurré antes de que él sonriera.
-Las camisetas están en ese cajón, los pantalones al otro lado.
-Vale-contesté-. Gracias-repetí con una pequeña sonrisa.
-De nada, princesa-susurró antes de besar mi mejilla-. Después come algo de la bandeja.
-Eres demasiado bueno conmigo-protesté.
-Solo cuido lo que me importa. Y tú me importas-respondió.
Sonreí antes de ponerme de puntillas, pues él era mas alto que yo, para besar su mejilla.
-Gracias-susurré antes de caminar hacia el armario, mientras él salía de la habitación.
Cogí una de sus camisetas, me quedaban enormes, casi hasta mi rodilla. Después agarré unos pantalones de chándal negros, con una sudadera gris.
Entré en el baño y paré frente al espejo.
Estaba hecha un desastre, con mis ojos negros hinchados de llorar, mi piel demasiado pálida, como un fantasma. Mi pelo castaño caía hasta debajo de mi pecho, formando ondas, con el flequillo de lado, desordenado.
Era más baja que Harry, pero él tenía un año más que yo, y era mas alto. Estaba delgada, según él demasiado, aunque me vi normal.
Me quité el pijama y lo dejé a un lado de la habitación, mas tarde lo recogería.
Después entré dentro de la bañera, llenándola hasta la mitad de agua ardiendo.
Era algo que me encantaba, no podía soportar bañarme con agua fría. Aun en verano, necesitaba el calor que proporcionaba el agua.
Comencé a limpiar mi pelo, para después pasar a mi cuerpo, asegurándome de quitar su olor y sus marcas, aunque sabía que no podía borrar ese momento, froté fuertemente la esponja contra mis piernas, mientras las lágrimas comenzaban a salir en silencio.
Pasados unos cuantos minutos, dejé de frotar resignada mientras sollozos involuntarios escapaban de mi boca.
¿Por qué? ¿Por qué me ha pasado esto a mí? ¿Que he hecho para merecer esto?
Eran demasiadas preguntas sin respuesta.
Cuando el agua se volvió fría, salí de ahí enredándome en una toalla, mientras comenzaba a secar mi pelo con otra.
Después comencé a vestirme con su ropa, desde sus pantalones a su sudadera, que me quedaban enormes.
Me puse frente al espejo para verme, mi pelo mojado desordenado, mi piel pálida ahora con un poco de color, mis ojos ya no hinchados...estaba más presentable.
Salí del baño y caminé hasta la mesita, cogiendo uno de los bollos de pan y mordisqueándolo.
La puerta fue golpeada dos veces antes de que la voz de Harry se escuchara.
-¿Sam?-preguntó-¿Puedo entrar?
-Pasa, Harru-contesté.
Él entró en la habitación caminando hacia mí mientras yo seguía comiendo mi bollo.
-Creo que mi ropa te queda un poco grande, ¿no?-bromeó sonriéndome.
Levanté mi brazo y le di un golpe con la manga sobrante.
-¡No me digas!-ironicé.
-¡Oye, pero no me pegues!-protestó mientras volvía a pegarle.
-¡Te lo mereces!-contesté.
Él me atrapó en un abrazo inmovilizándome. Me reí mientras Harry posaba su cara en mi hombro.
-Tienes el pelo desordenado, como un loco-murmuró contra mi cuello.
-Mi pelo aprendió del tuyo, señor ricitos-contesté.
-¡Oye, que mis rizos son sexys!-protestó separándose.
-Claro que si, señor engreído.
-¡Pero serás mala!-murmuró.
-Aprendo del mejor-respondí sonriéndole.
Él sonrió antes de coger un mechón de mi pelo, comenzando a jugar con él.
-¿Qué estás haciendo?-pregunté extrañada.
Harry se encogió de hombros.
-Ve al baño, en el cajón derecho pequeño hay un peine. Cógelo y tráelo.
Fruncí el ceño antes de obedecerlo, volviendo al baño y cogiendo el peine. Cuando salí, Harry estaba sentado en la cama, con su espalda apoyada en el cabecero de la cama.
-Ven aquí-murmuró dando palmadas en el colchón, justo delante suya.
Le hice caso y gateé por la cama antes de sentarme delante de él, mirándolo.
-Date la vuelta-susurró.
Cuando me di la vuelta, Harry me agarró de la cintura, levantándome hasta posarme entre sus piernas, mientras comenzaba a peinarme lentamente, con cuidado de no hacerme daño.
-Podría acostumbrarme a esto-susurré relajada, fascinada por el cuidado que él mantenía intentando no tirarme del pelo.
Noté como él sonreía sin contestar inmediatamente, sin dejar de peinarme.
Hacía muchísimo tiempo que nadie hacía eso. Era tranquilizador, especial.
-Harru..-susurré media adormilada.
-¿Que ocurre, princesa?-murmuró sin dejar de peinarme.
-Esto es demasiado relajante, cuando me peinas me duermo-mascullé antes de escuchar su risa.
-Espera un poco, pequeña-contestó antes de besar mi pelo.
Con cuidado, él comenzó a dividir mi cabello en tres partes, cruzándolas varias veces, haciendo una trenza perfecta.
-¿Tienes alguna goma de pelo?-susurró, sin romper la magia del momento.
Levanté mi mano hacia atrás, enseñando mi muñeca donde colgaban tres negras.
Harry continuó con la trenza, hasta finalizarla y atarla con la goma.
Después, me rodeó con sus brazos, posando sus manos en mi estómago, produciéndome un escalofrío.
-¿Demasiado rápido?-susurró, refiriéndose a su toque.
-No, estoy bien-contesté cerrando los ojos y apoyándome en su pecho.
-¿Qué va a pasar ahora, Sam?-murmuró.
-No lo se, Harry. No lo se-susurré.
Y era verdad, estaba completamente perdida, como en un laberinto en el cual había que encontrar la salida correcta, pero yo no sabía cual era. Estaba perdida, no sabía que camino tomar.