lunes, 28 de octubre de 2013

Capítulo 4

Había pasado media hora desde que Harry se había ido a su casa, y yo no hacía otra cosa que sonreír, era inevitable. Hoy había descubierto que lo quería, pero no como a un hermano. Él...era distinto, en todos los aspectos.
El nunca me habia criticado, como los demás chicos. Él nunca me había insultado, ni nada parecido.
Sólo con él sentía esa conexion...ese amor tan profundo.
Había estado ahí, como un hermano para mi, pero ahora sabía que lo quería como algo mas que un hermano, como a un novio....mi primer novio.
Harry Edward Styles Cox mi novio...
Quedaba bien, aunque él aún no me lo había pedido. Solo nos habíamos besado....y amaba sus besos, al igual que lo amaba a él.
Era tan perfecto...mi primer beso con el chico al que quería. Sonreí al recordarlo.
Quería estar con Harry para siempre, sin separarnos en nigun momento, solo ser felices los dos juntos por el resto de nuestras vidas.
Levanté mi mano hasta tocar mis labios y sonreí. Definitivamente, quería a Harru como algo más que mi amigo.
Nadie podía arruinar mi felicidad en ese momento. Bueno, en realidad alguien si podia....
-¡MOCOSA!-gritaron al abrirse la puerta, dando el comienzo de mi infierno.

Bajé las escaleras hasta llegar junto al monstruo que estaba sentado en el sofá del salón.
Cuando levantó la vista para verme, sonrió maliciosamente mientras se levantaba y comenzaba a caminar hacia mí mientras yo retrocedía.
-Oh, pequeña puta-siseó comiéndome con los ojos mientras el terror me inundaba-. Pero mira que cuerpo que tienes, y tú lo escondes, pequeña necia. Pero hoy lo aprovecharemos...oh si.
Abrí mucho los ojos al comprender lo que él quería decir y comencé a buscar desesperadamente una salida, pero me encontraba acorralada contra la pared del salón, y la puerta estaba justo detrás de él....estaba sin escapatoria.
-¡Ven aquí, puta!-rugió mientras comenzaba a caminar mas rápido hacia mi.
Seguí retrocediendo hasta chocar con la pared, y maldecí interiormente haberme puesto mi pijama corto.
Consistía en una camiseta de asas que me quedaba pequeña, dejando a la vista parte de mi estómago. Los pantalones eran demasiado cortos y apretados, de un color blanco grisáceo. Se notaba cada curva de mi cuerpo.
-Como bastarda, hija mia que eres, tienes que satisfacerme, en todo. Es tu deber. Y hoy lo vas a hacer, me lo debes. Yo te di la vida.
Llegó frente a mí y juntó mis manos mientras yo forcejeaba, intentando que las soltara, pero el era demasiado fuerte y acabó atándolas con un trozo de tela que había a mi lado.
Comenzó a acariciarme con sus asquerosas manos, recorriendo mi cuerpo.
Cuando quitó mi camiseta, cerré los ojos fuertemente, deseando que solo fuese una horrible pesadilla, pero era demasiado real.
Al abrir los ojos de nuevo, me encontraba tirada en el suelo, rota de dolor, llorando yo sola. El monstruo me había violado...para después marcharse.
Me arrastré lentamente por el suelo hasta alcanzar mi ropa, que la puse lentamente, y me dejé estar ahí, sentada en el suelo, con la espalda pegada a la pared mientras lloraba de nuevo.
Todo estaba en silencio en la casa, a excepción de mis sollozos e hipidos.
Escuché un ruido en la puerta y giré mi cabeza velozmente, aterrada de miedo. Si era el monstruo estaría perdida.
-¿Princesita mía?-dijo la voz de Harry.
No contesté, no podía hablar, solo estar ahí quieta sola.
Cuando entró en el salón y me vio llorando, corrió hacia mi hasta arrodillarse, pero yo comencé a alejarme de él. ¿Como sabia que él no....me haría lo mismo?
-¿Sam?-preguntó extrañado y asustado- ¿Princesa? Contéstame, por favor. Samantha...-susurró.
Volví a alejarme de él gateando por el suelo, las piernas me temblaban y no podía ponerme en pie.
-¿Pero que pasa?-masculló cuando llegué a la otra punta del salón-. Acaso...¿te cansaste de mi?
El silencio fue la única respuesta que recibió, estaba cegada de miedo.
-S...sam...por favor...con...contéstame...-balbuceó mientras comenzaba a llorar, al igual que yo.
-No....no...tu no...El.....mo...monstruo...-susurré encontrando mi voz-. Me....me...
Harry me miró de golpe escaneándose y dándose cuenta de mis manchas en los pantalones, manchas rojas.
-¿Te violó? ¿¡ESE ASQUEROSO TE VIOLÓ?!-gritó poseído por el odio.
Cerré los ojos y levanté mis piernas hasta pegarlas a mi cara, para después rodearlas con mis brazos, muerta de miedo mientras enterraba mi cabeza tras mis rodillas.
-Espera, no, princesa. No te asustes. Yo...lo siento-suplicaba-. No te voy a hacer daño, Sam. Eres mi princesita, ¿vale? No me voy a acercar si tu no quieres, pero no me tengas miedo.
Levanté lentamente la mirada para verlo de rodillas en la otra punta de la habitación mirándome fijamente, suplicándome con los ojos.
-Yo....yo...-tartamudeé, pero comencé a sollozar e hipar.
-¡No!-dijo él-. No, por favor. No llores. ¿Puedo... acercarme?-murmuró.
Lo observé lentamente. Parecía temeroso, con miedo de hacer algo que me molestara. Frágil, dependiendo de mis decisiones. Era Harry....Mi Harru.
Asentí levente mientras él suspiró antes de acercarse lentamente a mi, hasta estar a mi lado, sin tocarme.
Me acerqué mas a él mirándolo a los ojos, suplicándole que no me hiciese daño, que no me tocase. Él asintió y levantó las manos, mientras yo me acurrucaba en el hombro.
Harry dejó caer una de sus manos en su regazo, y la otra sobre mis hombros.
Me estremecí ante el contacto y cerré fuertemente los ojos, intentando no recordar al monstruo.
-Lo siento, lo siento-murmuró rápidamente antes de quitar su mano de mí.
Abrí los ojos para mirarlo, observar como los suyos se humedecían. La primera gota calló y agarré su mano, posándola en mi hombro.
-Solo deja que...me acostumbre-susurré intentando calmarme.
-No puedo creer que ese hombre te haya hecho eso...-respondió.
-¿Por qué...lloras?- pregunté mirándolo.
-Nada, princesa. Solo me da rabia que no lo haya podido evitar. ¡Si me hubiese quedado contigo nada de esto hubiera pasado! ¡Soy idiota! Esto es mi culpa...-dijo, pero su voz sonó rota en la ultima frase mientras él comenzaba a sollozar.
-No es tu culpa...fue el monstruo, no tú. Y en tal caso...mas bien tendría yo la culpa, ¿no crees?-mascullé.
-No, no. Tú no. Tú eres solo la victima de ese desgraciado. Como lo coja, ¡juro que lo mato!-siseó.
-Harru...-susurré haciendo que él me mirase con una minúscula sonrisa.
-Pensé que jamás me llamarías así....-contestó.
Yo sonreí levemente.
- No voy a dejar de llamarte Harru. Eres mi Harru-respondí-. Pero lo que queria decir, antes de que me interrumpieras....es que no quiero que hagas nada, ¿vale? Por favor, solo quédate a mi lado...
-¡Pero eso es injusto! ¡Tiene que pagar por lo que ha hecho!- protestó.
-¿Pagar violencia con mas violencia?-pregunté irónica susurrando.
Él suspiró resignado.
-Sólo y exclusivamente me quedo por tí.
Sonreí antes de contestarle.
-Gracias-murmuré-. Gracias por todo.
-No tienes que darme las gracias, princesa. Estoy aquí para ti, siempre.

jueves, 24 de octubre de 2013

Capítulo 3

Cuando abrí mis ojos de nuevo, la habitación estaba casi completamente a oscuras,y me asusté al ver a alguien pegado a mí,pero sonreí al recordar que era mi hermanito.
Harry estaba a mi lado tumbado, dormido con la boca entreabierta y sus rizos alborotados. Tenía su brazo sobre mi espalda, mientras mi mano estaba justo en su pecho, en su corazón que latía en un ritmo constante, lento y tranquilizador.
Me quedé mirándolo fijamente, memorizando cada mancha y lunar que tenía, grabando su cara en mi memoria para siempre. Cuando observé el reloj de la mesilla,que indicaba las 8 de la noche, me levanté velozmente antes de exclamar un "mierda" demasiado alto que hizo que mi hermanito se despertara.
-¡Sam! ¿¡Pero que ocurre?! ¿¡Qué pasa?!-preguntó asustándose mientras se levantaba de la cama de un salto.
-¡Son las ocho, el monstruo está a punto de llegar!-contesté histérica mientras abrí la puerta de la habitación de Harry, donde anteriormente me había quedado dormida, para después salir corriendo por las escaleras, casi comiéndome el suelo mientras tropezaba.
-¡Sam! ¡Espérame, por favor!- contestó él mientras bajaba las escaleras detrás de mí, mientras intentaba ponerse los zapatos.
Paré velozmente antes de ayudarlo para acabar mas rápido. Después, corrimos hasta la puerta principal, la cual abrí y salté los tres escalones que había en la entrada, corriendo hasta el portal que limitaba el terreno. Al llegar junto a él forcé el cierre, pues no había tiempo de coger la llave, situada dentro de la casa, hasta que se abrió la puerta.
Seguí corriendo hasta la puerta de mi casa, que afortunadamente estaba cerrada, asegurando que el monstruo aun no estaba en casa.
-¡Samantha!-masculló Harry al llegar a mi lado-¿Cuándo aprendiste a correr tanto?-jadeó.
Me reí antes de abrir la puerta de la casa, entrando al salón, donde al lado se encontraba la cocina.
-Joder, ¿¡sabes lo que es despertarse viéndote aterrorizada?! ¡Pensé que te había hecho algo y te ibas!-protestó mientras intentaba controlar su respiración.
-Lo siento-murmuré antes de abrazarlo, sintiendo los latidos de su corazón ahora más acelerados.
-No pasa nada, princesa-contestó respondiendo a mi abrazo-. Pero por favor, no lo hagas más. Me asustaste, ¿vale? Pensé que te perdía de nuevo y la sola idea de vivir sin ti...-susurró mientras sus ojos se volvían más brillantes, estaba a punto de llorar.
-Harru...-murmuré posando mis manos en sus mejillas, limpiando con mis pulgares las primeras lágrimas que se escaparon de sus ojos-. Nunca me voy a ir de tu lado, ¿vale? Nunca. No lo soportaría.
Él me miró intentando sonreír mientras juntaba nuestras frentes.
-Eres demasiado importante en mi vida como para perderte-contestó Harry.
-Y no me vas a perder-susurré; estábamos tan cerca..-yo no quiero alejarme de ti. Entiéndelo-insistí mientras acariciaba su mejilla.
-¿Nunca?-preguntó mientras posaba sus manos sobre las mías.
-Nunca-prometí con una sonrisa.
Harry se acercó más a mi, acortando cada vez mas distancia mientras entrelazaba nuestros dedos, dejando caer nuestras manos juntas.
-Te quiero-susurró.
-Te quiero-murmuré, y sabía que ahora esas dos palabras tenían un significado diferente para mí.
Él cerró los ojos antes de juntar nuestros labios, sellando nuestra promesa. Sus manos bagaron por mi cuerpo antes de posarse en mi cintura, tirando de mí hasta pegarnos completamente.
Sin saber muy bien que hacer, guié mis brazos por su cuello, jugando con sus rizos mientras nuestras bocas bailaban las dos juntas en una perfecta sincronía.
Nuestro beso radiaba amor, cariño y miles de promesas de mantenernos siempre juntos.
Sonreí finalizando nuestro beso, mientras cogía aire de nuevo.
Harry sonrió aún sin abrir los ojos, antes de presionar de nuevo sus labios sobre los míos.
-Eres tan importante para mi...-murmuró contra mis labios.
-Y tú para mí, recuérdalo siempre-contesté antes de besarlo de nuevo.

lunes, 21 de octubre de 2013

Capítulo 2.

Escuchaba voces a mi alrededor, aunque no podía abrir mis ojos.
-Sam-sollozaba la voz de un chico...¡Harry!-por favor, no te vallas...
Intenté con todas mis fuerzas despertarme para poder abrazarlo, pero mi cuerpo no me obedecía.
-Yo...yo te quiero, ¿sabes?-balbuceaba-. Eres como mi hermanita....no puedes irte, por favor.
No podía moverme, mi cuerpo no respondía a mis órdenes. Esto era insoportable, yo quería poder despertarme, simplemente abrir los ojos para que supiese que estaba bien, viva y a su lado, para que dejase de sollozar y sacara esa sonrisa que tanto me encantaba.
Pero algo me lo impedía, y yo lloraba de rabia e impotencia en mi mente. No podía soportar sentir como Harry sollozaba, él no.
Sentí como alguien agarraba mi mano con fuerza, para después sentir algo frió, seguramente sus labios, que se posaron sobre mi mano haciendo que notara algo líquido, sus lágrimas.
Harry estaba llorando, y saber que yo era la culpable me destrozaba.
-No puedes dejarme solo, por favor. Prometiste acompañarme a un concurso de canto, tú me obligaste a mostrar mi voz, dijiste que seria un cantante famoso, pero no quiero ser famoso si no es a tu lado. Tu tienes que apoyarme en esto. No me puedes hacer esto, por favor. Solo quédate a mi lado y no te vallas. Yo te quiero, hermanita. No quiero que te marches de mi lado.
Él suplicaba mientras yo intentaba con todas mis fuerzas poder despertarme de ese sueño. Hasta que por fin, después de mucho intentarlo, había conseguido abrir levemente mis ojos.
-¿Sa....samantha?-tartamudeó abriendo mucho sus ojos verdes, un poco rojos e hinchados de llorar.
Sonreí, o lo intente, mientras él se levantó de la silla donde anteriormente reposaba a mi lado, saltando de un lado a otro, extendiendo sus brazos, alzando sus puños mientras yo reía. Siguió saltando y riendo durante un tiempo, hasta gritar un "sí".
Cuando se calmó, volvió a sentarse en la silla, agarrando de nuevo mi mano con una sonrisa de ojera a oreja.
-Oh, sam-suspiró- por un momento pensé que te había perdido. Yo...
-Harry...-susurré, mi voz sonó demasiado ronca-. Estoy aquí, ¿vale? Eso es lo más importante.
-Nunca jamás volveré a separarme de tu lado. Mira como estás...-masculló agarrando mi brazo y levantándolo, haciendo que yo soltase un quejido.
-Lo siento, ¡lo siento!-dijo Harry soltando mi brazo de golpe, haciendo que este golpease de nuevo el colchón fuertemente.
-¡Harry!- intenté gritar mientras el dolor pasaba por mi brazo magullado.
-¡Perdona! ¡lo siento!-murmuró él con pánico en su mirada-. Soy un patoso, lo siento mucho-susurró.
Comencé a reír mientras él se preocupaba excesivamente de mi brazo.
-Eres adorablemente patoso-sonreí extendiendo mi otro brazo hasta tocar la punta de su nariz con mi dedo, mientras él hacía un puchero, haciendo que su nariz y su frente se arrugaran y sus labios se juntaran excesivamente en unos morritos de niño pequeño.
-No quiero ser un patoso-contestó enfurruñado, con los brazos cruzados aun con su puchero.
Solté una carcajada mientras veía como él intentaba esconder su sonrisa.
-¡Pero si eres muy mono!-contesté intentando clamar mi risa.
-Ah, ¿que aún por encima ahora soy un mono? ¿cuándo me he convertido en un animal?-preguntó intentando sonar ofendido y fallando estrepitosamente.
-Desde que que lo digo yo-contesté sacándole la lengua mientras él sonreía.
-Al menos pude sacarte una sonrisa-murmuró Harry-¿Como te encuentras?- cuestionó preocupado.
-Estoy bien, Harry-contesté sonriéndole.
-Oye, mientras te traía aquí he notado que estás mucho más delgada-comentó mirándome severamente.
-¿Qué? Si estoy normal-contradecía.
-Sam, tienes que comer.
-Harry, primero tiene que comer el monstruo,luego ya si tal...como yo-susurré.
-Estás muy delgada. Voy a bajar y prepararte algo de comer, ¿si?-dijo antes de levantarse de la silla para irse por la puerta.
-Harry, ¡espera!-grité antes de que se fuese por esa puerta.
-¿Si?-respondió él girándose para verme.
Levanté mis brazos extendiéndolos mientras susurré un "ven aquí", que hizo que Harry caminara de vuelta a mí sonriéndome.
-Tengo una hermanita muy mimosa-comentó mientras se acercaba hasta abrazarme.
-Si, pero quieres a esta hermanita, y aún más a sus mimos-contraataqué.
-Ya, es imposible no quererte-contestó mientras sus brazos se cernían sobre mi cuerpo.
Me aparté a un lado, indicando que se tumbara a mi lado.
-¿Ahora? No, no. Que te puedo aplastar o algo parecido, y no quiero hacerte daño-dijo temeroso.
-Harry....¿por favor?-murmuré poniendo morritos.
-Bueno, vale. Pero si te hago daño me avisas, ¡en cualquier momento!
-Que si, que si-contesté con pesadez-. Ahora ven aquí-añadí.
Él, obedeciendo, se tumbó a mi lado en la cama, quitando sus zapatos antes de entrar en las mantas a mi lado.
-Pero ven, que no muerdo-protesté con una sonrisa al ver lo alejado que se mantenía de mi.
Se acercó lentamente mientras sonreía, hasta acabar justo a mi lado.
Levanté levemente la espalda, haciendo que él pasase su brazo por debajo, hasta posar su mano en mi cadera.
Me acurruqué de lado dejando caer mi cabeza sobre su hombro, viendo como él cerraba los ojos y suspiraba lentamente.
Mi mano paseó por su estómago hasta descansar en la curva de su cuello y hombro.
Mi amigo giró su cabeza y abrió los ojos para verme, antes de acercarse y posar un beso en mi frente,quedándose justo ahí, apoyando su mentón en la cima de mi cabeza mientras yo lo abrazaba por la espalda.
-Te quiero mucho. Lo sabes, ¿verdad?-preguntó sin moverse, con sus brazos sobre mi cintura.
-Lo sé-respondí sonriendo contra su cuello-yo también te quiero, hermanito-añadí dejando un pequeño besos sobre este, antes de cerrar los ojos y aspirar su aroma.
-No se que habría hecho sin ti...- suspiró con tristeza en su voz.
-Harry, estoy aquí,ya te dije que nonos separaremos, al menos que tú te vallas-contesté-. Además, mala hierba nunca muere-bromeé viendo como él esbozaba una sonrisa.
-No quiero irme de tu lado, eres mi hermanita y me encanta cuidarte-murmuró pegándose a mí.
-Eres el mejor hermano del mundo, Harru.
-¿Harru? -preguntó separándose de mi para poder verme a los ojos.
-Claro, es mas cariñoso que Harry- susurré sonriendo.
Él se rió antes de besar la punta de mi nariz y apoyar su cabeza en mi cuello, haciéndome cosquillas con su respiración.
-Gracias por todo, te quiero-mascullé antes de cerrar mis ojos muerta de sueño.
Cuando estaba a punto de dormirme, escuché la voz de Harry, pero estaba demasiado dormida como para entender bien, aunque creía que había dicho "te amo".

domingo, 20 de octubre de 2013

Capítulo 1

-¡Mocosa!-gritaron desde la entrada de la casa.
Me giré rápidamente en la cocina para ver al que supuestamente era mi padre entrar en ella y tirarse sentándose en una de las sillas.
-Quiero la comida-exigió.
-Tienes que esperar. Aún no está terminada-contesté en un murmullo.
-¿¡ACASO NO SABES QUE CUANDO LLEGO A CASA QUIERO COMER, PUTA?!-chilló levantándose y caminando hacia mí,agarrándome de los pelos y zarandeándome.
El dolor comenzó a hacerse presente por todo mi cuerpo. Resistí el impulso de llorar delante de él mordiéndome el labio y apretando la mandíbula hasta hacerme sangre, mientras el monstruo me golpeaba brutalmente hasta dejarme tirada en el suelo.
Después, como si no llegara con los golpes que anteriormente había recibido, lanzó su pierna haciendo que su pie impactara en mi estómago, mientras yo soltaba un pequeño gemido de dolor.
-Eres una bastarda-siseó mientras me levantaba del suelo por los pelos-. No vales para nada-escupió antes de tirarme contra el suelo de piedra .
Observé como daba media vuelta hasta salir de la cocina, para después escuchar el ruido de la puerta chocando brutalmente mientras se cerraba. Suspiré aliviada al saber que ya se había ido.
Cerré los ojos sufriendo de dolor mientras intentaba tranquilizarme. Necesitaba a Harry en momentos como ese, pero sabía que si lo llamaba no podría aguantar sus ganas de atacar al monstruo, y yo tenía demasiado miedo de que le ocurriese algo a mi amigo y fuese culpa mía.
Abrí los ojos poco después al escuchar de nuevo el ruido de la puerta, pero sabía que no era mi supuesto padre, pues él la habría golpeado y ésta se estaba abriendo lentamente.
Lo ojos me pesaban demasiado como para mantenerlos mas tiempo abiertos, pero quería saber quien era el que había entrado en la casa.
-¿Sam?-escuché la dulce vocecilla de Harry llamándome-¿Samantha? ¿Donde estás?
-Ha...harry-susurré mientras las punzadas de dolor se volvían más fuertes al intentar hablar.
-¡Sam!-gritó él al entrar en la cocina y verme ahí tirada.
Observé intentando mantener mis ojos abiertos como Harry corría hacia mi y se arrodillaba en el suelo a mi lado, pasando sus manos por mi espalda y piernas, levantándome y pegándome contra su pecho.
-Sam, por favor, no cierres los ojos. No te duermas, princesa-murmuraba mientras comenzaba a caminar, seguramente saliendo de la casa, pero era tan difícil mantener los ojos abiertos....y tan fácil cerrarlos y dormir, quizás para siempre....
Lo observé quizás por ultima vez gravando su rostro en mi memoria, sus ojos verdes, sus labios rosados, sus rizos castaños... Después, cerré los ojos dispuesta a dormirme mientras él me suplicaba que los abriese de nuevo, que me quedase con él, pero no pude soportarlo más, y me dejé ir.
-¡SAM! ¡Sam, Sam por favor, no te vallas! ¡No! ¡Abre los ojos! ¡Quédate conmigo! Juro que mataré a ese cabrón como te pase algo..-susurraba frenético-¡No me dejes solo, por favor!
Su voz fue lo último que recuerdo antes de quedarme profundamente dormida. Al menos, me dormí escuchando su dulce voz.

viernes, 18 de octubre de 2013

Prólogo

Recuerdo perfectamente el primer día que el monstruo que se hacía llamar mi padre me levantó la mano. Tenía unos 10 años y él acababa de llegar a casa borracho, como otras tantas veces.
-Pequeña y asquerosa mocosa, ¿donde estás?-rugió tambaleándose mientras entraba en la cocina.
Yo me encontraba escondida en una esquina esperando a que no se diese cuenta de donde me encontraba. Esos días se había vuelto mucho más agresivo y cada vez me daba más miedo.
-¡No te escondas, puta!-gritó mientras su mano agarró fuertemente una de las sillas de la mesa, intentando mantenerse de pie.
Recordaba como yo había cerrado mis ojos fuertemente mientras suplicaba que él no me hiciese daño.
-Vamos, pequeña. Papi no te va a hacer daño-murmuró intentando sonar cariñoso y fallando estrepitosamente.
Era penoso mintiendo. Sabía que me haría daño, de eso estaba muy segura.
Me acurruqué más entre la pared y la nevera, procurando no hacer ningún ruido mientras me apretujaba contra la pared de piedra, clavándome algunos salientes de ésta.
El miedo se apoderaba de mi pequeño cuerpo mientras él seguía buscándome, recorriendo cada hueco de la cocina.
-¡Ahí estás, pequeña mocosa!-gritó antes de lanzar su brazo que agarró mi pelo, levantándome y produciéndome miles de pinchazos de dolor por toda mi cabeza.
-¡Eres una jodida bastarda!-siseó antes de lanzar su otra mano, que golpeó mi mejilla estrepitosamente.
Grité de dolor mientras él me lanzó contra el suelo antes de gritarme e insultarme, para después irse de casa, seguramente de nuevo al bar.
Quedé ahí tirada durante minutos, quizás horas sin poder levantarme. El dolor recorría mi pequeño y frágil cuerpo impidiendo poder levantarme.Gemí mientras intentaba ponerme en pie para poder irme a mi habitación y llorar tranquila.
Ese monstruo me había gritado muchas otras veces, pero no hasta tal punto de llegar a levantarme una mano y golpearme.Desde que mi madre había fallecido, él había comenzado a beber y a llegar borracho a casa, a gritarme y a culparme de que yo era la causante de la muerte de mi madre.Yo procuraba esconderme y llorar cuando él no estaba en casa, pues no quería darle el gusto de ver que sus palabras me afectaban, pero esa vez había llegado demasiado lejos.
Me escondí bajo la única y fina manta que cubría mi cama y me acurruqué formando una bola mientras sollozos involuntarios escapaban de mi garganta.Las lágrimas se derramaban por mi pequeña cara mientras pensaba en todo lo ocurrido. 
Yo solo era una pequeña niña de diez años a la que trataban mal en clase y era una marginada. Siempre estaba sola, a excepción de él. Solía llegar a casa y preparar la comida, si es que había, para mi y para el monstruo. Cuando él llegaba, solía comer solo mientras yo estaba encerrada en mi habitación haciendo los deberes. Después él se iba de casa, lo sabía por el portazo que daba cada vez que cerraba la puerta. Ahí yo salía de mi dormitorio y corría hasta la cocina asegurándome de que él no estaba, para después comenzar a lavar los platos y limpiar todo, para no despertar a la bestia cuando llegase de nuevo. Pero cuando él llegaba a casa borracho, comenzaba a insultarme hasta que se encerraba en su habitación o volvía a marcharse.

De eso hacía ya tres años, y nada había cambiado. Bueno, en verdad algo sí, mas bien dos cosas.
El monstruo ahora me pegaba como aquella primera vez, pero tenía un amigo conmigo.
Mi amigo, Harry, era un chico muy bonito con sus rizos castaños y sus ojos verdes como las esmeraldas. Él había llegado nuevo al pequeño pueblo, y era justamente mi vecino. Desde un principio Harry me defendió de todos los que me insultaban y me criticaban, ganándose mi cariño y gratitud.
Sus padres era un amables y cariñosos conmigo, los había conocido el único día que había ido a su casa. Ese mismo día, en su habitación, yo le había contado todo lo que me pasaba, desde mi padre hasta las brutales palizas que me daba, mostrándole varias marcas que me habían quedado de la última vez que me había golpeado.
Él se enfadó con el monstruo e intentó ir a por él, pero Harry solo tenía catorce años, y sabía que el que se hacia pasar por mi padre podía hacer que mi único amigo acabase peor que yo.
Conseguí tranquilizar a Harry y conseguir que él me entendiese y no intentase ninguna locura. Desde ese día Harry se unió más a mí, hasta acabar siendo mejores amigos. Siempre estaba conmigo y me cuidaba cuando el monstruo se iba. Estaba a mi lado protegiéndome y cuidándome, incluso curando las heridas que ese bicho asqueroso me dejaba.
Harry insistía e insistía en que le dejara acabar con el monstruo, pero yo seguía sin acceder. Si podía pegarme a mi....¿qué podría hacerle a Harry? La sola idea de ver a mi amigo ser golpeado por el bicho me producía escalofríos y tenía miedo, no quería que eso pasase. Era tan importante para mi, mi único y mejor amigo, que la sola idea de perderle me mataba.