Desperté al escuchar un ruido fuerte. Abrí los ojos de sopetón, pensando que Harry se había ido y era el monstruo.
Entonces me dí cuenta de que no estaba en el salón, sino en la habitación de Harry.
-¿Harru?-pregunté dudosa.
-¡Lo siento!-contestó él desde alguna habitación de su casa-. Espera ahí un momento, por favor. Ya voy.
Me quedé en su habitación, levantándome de la silla donde estaba y caminando algo dolorida pero curiosa por su dormitorio.
Las paredes eran de un color verde intenso, como sus ojos. Tenía un gran armario pegado a la puerta por la cual se entraba al baño del dormitorio. La cama estaba en el medio de la habitación, en frente al armario y pegada a la otra pared. En ellas había varios posters de cantantes y grupos, ademas de algunas fotos de él, de sus recuerdos.
Observé con una sonrisa una foto pegada al techo de la habitación, rodeada de posters.
Era de un gran tamaño, ampliada, y en ella salía él, con su bonita sonrisa mirando hacia la cámara. A su lado estaba yo, besando su mejilla.
Sonreí al recordar cuando la habíamos hecho. Fue nuestra primera foto, después de conocernos,cuando íbamos caminando por un parque los dos juntos, riendo y hablando. Fue un día perfecto a su lado, él riendo adorable en el parque, divirtiéndonos, jugando juntos.
Subí a la cama y comencé a saltar en ella extendiendo los brazos hasta arriba, intentando coger la foto.
Cuando por fin la despegué, la extendí ante mis ojos sonriendo mientras la puerta de la habitación se abría.
-¿Sam?-preguntó Harry al entrar con una bandeja entre las manos, mirándome curioso y pidiéndome explicaciones con su tono de voz.
-¿Harry?-hablé de la misma manera, girando la fotografía para que él la viera.
-Em....¿qué?-preguntó, con sus mejillas encendidas y mordiendo su labio.
Me reí ante su cara, él estaba muerto de vergüenza.
-No me hagas esto-susurró rojo como un tomate.
-Olle, ¿no estas un poquito rojo?-bromeé mirándolo entre risas.
-¡Sam!-protestó como un niño pequeño.
-¿Por qué tienes semejante foto nuestra pegada al techo de tu habitación?-pregunté sin hacerle caso a su protesta de que pasara de eso.
-Pu...pues...-murmuró agachando la cabeza-¡Porque si! ¿Qué mas te da? ¡No importa!-dijo antes de dejar la bandeja en una mesita y subir a la cama, arrebatándome la foto y pegándola con facilidad de nuevo.
-Lo siento...-murmuré, bajando de un salto de la cama y agachando la cabeza arrepentida-. Solo pensé...nada, déjalo.
-¿Qué?-preguntó girándose rápidamente hacia mí, serio-. Sam, ¿qué ocurre?-susurró bajándose y mirándome.
-Yo...no pasa nada, solo déjalo-respondí evitando su mirada.
-No, Samantha, por favor. Dímelo-exigió.
-¡Solo pensé que te importaba la foto, nosotros! ¿¡vale?!-dije explotando antes de comenzar a llorar.
-Sam, oye. Para. Escúchame. Tú me importas-murmuró levantando mi cabeza para que lo viese-. Me importas mucho. Y la foto, por eso la tengo ahí, ¿vale? Para verla cada vez que me despierte. No llores, por favor, princesa-susurró antes de abrazarme.
-Harru....
-¿Qué? Ah, si, lo siento, lo siento-dijo dándose cuenta de que me estaba tocando.
-No, no, no te apartes. Se que tú nunca me harías daño. Solo....te quiero-murmuré.
Él sonrió ampliamente.
-Te quiero, también-respondió.
Sonreí rodeándolo con mis brazos por su cuello, pegándolo a mí mientras él dejó sus brazos sobre mi espalda.
Después de unos minutos abrazados, sin decir absolutamente nada, decidí hablar.
-Mm...¿Harry?-murmuré.
-¿Si?-contestó él separándose.
-Necesito bañarme-respondí.
-Ah, si, claro, claro. El baño está ahí....coge algo de mi ropa.
-Gracias-susurré antes de que él sonriera.
-Las camisetas están en ese cajón, los pantalones al otro lado.
-Vale-contesté-. Gracias-repetí con una pequeña sonrisa.
-De nada, princesa-susurró antes de besar mi mejilla-. Después come algo de la bandeja.
-Eres demasiado bueno conmigo-protesté.
-Solo cuido lo que me importa. Y tú me importas-respondió.
Sonreí antes de ponerme de puntillas, pues él era mas alto que yo, para besar su mejilla.
-Gracias-susurré antes de caminar hacia el armario, mientras él salía de la habitación.
Cogí una de sus camisetas, me quedaban enormes, casi hasta mi rodilla. Después agarré unos pantalones de chándal negros, con una sudadera gris.
Entré en el baño y paré frente al espejo.
Estaba hecha un desastre, con mis ojos negros hinchados de llorar, mi piel demasiado pálida, como un fantasma. Mi pelo castaño caía hasta debajo de mi pecho, formando ondas, con el flequillo de lado, desordenado.
Era más baja que Harry, pero él tenía un año más que yo, y era mas alto. Estaba delgada, según él demasiado, aunque me vi normal.
Me quité el pijama y lo dejé a un lado de la habitación, mas tarde lo recogería.
Después entré dentro de la bañera, llenándola hasta la mitad de agua ardiendo.
Era algo que me encantaba, no podía soportar bañarme con agua fría. Aun en verano, necesitaba el calor que proporcionaba el agua.
Comencé a limpiar mi pelo, para después pasar a mi cuerpo, asegurándome de quitar su olor y sus marcas, aunque sabía que no podía borrar ese momento, froté fuertemente la esponja contra mis piernas, mientras las lágrimas comenzaban a salir en silencio.
Pasados unos cuantos minutos, dejé de frotar resignada mientras sollozos involuntarios escapaban de mi boca.
¿Por qué? ¿Por qué me ha pasado esto a mí? ¿Que he hecho para merecer esto?
Eran demasiadas preguntas sin respuesta.
Cuando el agua se volvió fría, salí de ahí enredándome en una toalla, mientras comenzaba a secar mi pelo con otra.
Después comencé a vestirme con su ropa, desde sus pantalones a su sudadera, que me quedaban enormes.
Me puse frente al espejo para verme, mi pelo mojado desordenado, mi piel pálida ahora con un poco de color, mis ojos ya no hinchados...estaba más presentable.
Salí del baño y caminé hasta la mesita, cogiendo uno de los bollos de pan y mordisqueándolo.
La puerta fue golpeada dos veces antes de que la voz de Harry se escuchara.
-¿Sam?-preguntó-¿Puedo entrar?
-Pasa, Harru-contesté.
Él entró en la habitación caminando hacia mí mientras yo seguía comiendo mi bollo.
-Creo que mi ropa te queda un poco grande, ¿no?-bromeó sonriéndome.
Levanté mi brazo y le di un golpe con la manga sobrante.
-¡No me digas!-ironicé.
-¡Oye, pero no me pegues!-protestó mientras volvía a pegarle.
-¡Te lo mereces!-contesté.
Él me atrapó en un abrazo inmovilizándome. Me reí mientras Harry posaba su cara en mi hombro.
-Tienes el pelo desordenado, como un loco-murmuró contra mi cuello.
-Mi pelo aprendió del tuyo, señor ricitos-contesté.
-¡Oye, que mis rizos son sexys!-protestó separándose.
-Claro que si, señor engreído.
-¡Pero serás mala!-murmuró.
-Aprendo del mejor-respondí sonriéndole.
Él sonrió antes de coger un mechón de mi pelo, comenzando a jugar con él.
-¿Qué estás haciendo?-pregunté extrañada.
Harry se encogió de hombros.
-Ve al baño, en el cajón derecho pequeño hay un peine. Cógelo y tráelo.
Fruncí el ceño antes de obedecerlo, volviendo al baño y cogiendo el peine. Cuando salí, Harry estaba sentado en la cama, con su espalda apoyada en el cabecero de la cama.
-Ven aquí-murmuró dando palmadas en el colchón, justo delante suya.
Le hice caso y gateé por la cama antes de sentarme delante de él, mirándolo.
-Date la vuelta-susurró.
Cuando me di la vuelta, Harry me agarró de la cintura, levantándome hasta posarme entre sus piernas, mientras comenzaba a peinarme lentamente, con cuidado de no hacerme daño.
-Podría acostumbrarme a esto-susurré relajada, fascinada por el cuidado que él mantenía intentando no tirarme del pelo.
Noté como él sonreía sin contestar inmediatamente, sin dejar de peinarme.
Hacía muchísimo tiempo que nadie hacía eso. Era tranquilizador, especial.
-Harru..-susurré media adormilada.
-¿Que ocurre, princesa?-murmuró sin dejar de peinarme.
-Esto es demasiado relajante, cuando me peinas me duermo-mascullé antes de escuchar su risa.
-Espera un poco, pequeña-contestó antes de besar mi pelo.
Con cuidado, él comenzó a dividir mi cabello en tres partes, cruzándolas varias veces, haciendo una trenza perfecta.
-¿Tienes alguna goma de pelo?-susurró, sin romper la magia del momento.
Levanté mi mano hacia atrás, enseñando mi muñeca donde colgaban tres negras.
Harry continuó con la trenza, hasta finalizarla y atarla con la goma.
Después, me rodeó con sus brazos, posando sus manos en mi estómago, produciéndome un escalofrío.
-¿Demasiado rápido?-susurró, refiriéndose a su toque.
-No, estoy bien-contesté cerrando los ojos y apoyándome en su pecho.
-¿Qué va a pasar ahora, Sam?-murmuró.
-No lo se, Harry. No lo se-susurré.
Y era verdad, estaba completamente perdida, como en un laberinto en el cual había que encontrar la salida correcta, pero yo no sabía cual era. Estaba perdida, no sabía que camino tomar.
Entonces me dí cuenta de que no estaba en el salón, sino en la habitación de Harry.
-¿Harru?-pregunté dudosa.
-¡Lo siento!-contestó él desde alguna habitación de su casa-. Espera ahí un momento, por favor. Ya voy.
Me quedé en su habitación, levantándome de la silla donde estaba y caminando algo dolorida pero curiosa por su dormitorio.
Las paredes eran de un color verde intenso, como sus ojos. Tenía un gran armario pegado a la puerta por la cual se entraba al baño del dormitorio. La cama estaba en el medio de la habitación, en frente al armario y pegada a la otra pared. En ellas había varios posters de cantantes y grupos, ademas de algunas fotos de él, de sus recuerdos.
Observé con una sonrisa una foto pegada al techo de la habitación, rodeada de posters.
Era de un gran tamaño, ampliada, y en ella salía él, con su bonita sonrisa mirando hacia la cámara. A su lado estaba yo, besando su mejilla.
Sonreí al recordar cuando la habíamos hecho. Fue nuestra primera foto, después de conocernos,cuando íbamos caminando por un parque los dos juntos, riendo y hablando. Fue un día perfecto a su lado, él riendo adorable en el parque, divirtiéndonos, jugando juntos.
Subí a la cama y comencé a saltar en ella extendiendo los brazos hasta arriba, intentando coger la foto.
Cuando por fin la despegué, la extendí ante mis ojos sonriendo mientras la puerta de la habitación se abría.
-¿Sam?-preguntó Harry al entrar con una bandeja entre las manos, mirándome curioso y pidiéndome explicaciones con su tono de voz.
-¿Harry?-hablé de la misma manera, girando la fotografía para que él la viera.
-Em....¿qué?-preguntó, con sus mejillas encendidas y mordiendo su labio.
Me reí ante su cara, él estaba muerto de vergüenza.
-No me hagas esto-susurró rojo como un tomate.
-Olle, ¿no estas un poquito rojo?-bromeé mirándolo entre risas.
-¡Sam!-protestó como un niño pequeño.
-¿Por qué tienes semejante foto nuestra pegada al techo de tu habitación?-pregunté sin hacerle caso a su protesta de que pasara de eso.
-Pu...pues...-murmuró agachando la cabeza-¡Porque si! ¿Qué mas te da? ¡No importa!-dijo antes de dejar la bandeja en una mesita y subir a la cama, arrebatándome la foto y pegándola con facilidad de nuevo.
-Lo siento...-murmuré, bajando de un salto de la cama y agachando la cabeza arrepentida-. Solo pensé...nada, déjalo.
-¿Qué?-preguntó girándose rápidamente hacia mí, serio-. Sam, ¿qué ocurre?-susurró bajándose y mirándome.
-Yo...no pasa nada, solo déjalo-respondí evitando su mirada.
-No, Samantha, por favor. Dímelo-exigió.
-¡Solo pensé que te importaba la foto, nosotros! ¿¡vale?!-dije explotando antes de comenzar a llorar.
-Sam, oye. Para. Escúchame. Tú me importas-murmuró levantando mi cabeza para que lo viese-. Me importas mucho. Y la foto, por eso la tengo ahí, ¿vale? Para verla cada vez que me despierte. No llores, por favor, princesa-susurró antes de abrazarme.
-Harru....
-¿Qué? Ah, si, lo siento, lo siento-dijo dándose cuenta de que me estaba tocando.
-No, no, no te apartes. Se que tú nunca me harías daño. Solo....te quiero-murmuré.
Él sonrió ampliamente.
-Te quiero, también-respondió.
Sonreí rodeándolo con mis brazos por su cuello, pegándolo a mí mientras él dejó sus brazos sobre mi espalda.
Después de unos minutos abrazados, sin decir absolutamente nada, decidí hablar.
-Mm...¿Harry?-murmuré.
-¿Si?-contestó él separándose.
-Necesito bañarme-respondí.
-Ah, si, claro, claro. El baño está ahí....coge algo de mi ropa.
-Gracias-susurré antes de que él sonriera.
-Las camisetas están en ese cajón, los pantalones al otro lado.
-Vale-contesté-. Gracias-repetí con una pequeña sonrisa.
-De nada, princesa-susurró antes de besar mi mejilla-. Después come algo de la bandeja.
-Eres demasiado bueno conmigo-protesté.
-Solo cuido lo que me importa. Y tú me importas-respondió.
Sonreí antes de ponerme de puntillas, pues él era mas alto que yo, para besar su mejilla.
-Gracias-susurré antes de caminar hacia el armario, mientras él salía de la habitación.
Cogí una de sus camisetas, me quedaban enormes, casi hasta mi rodilla. Después agarré unos pantalones de chándal negros, con una sudadera gris.
Entré en el baño y paré frente al espejo.
Estaba hecha un desastre, con mis ojos negros hinchados de llorar, mi piel demasiado pálida, como un fantasma. Mi pelo castaño caía hasta debajo de mi pecho, formando ondas, con el flequillo de lado, desordenado.
Era más baja que Harry, pero él tenía un año más que yo, y era mas alto. Estaba delgada, según él demasiado, aunque me vi normal.
Me quité el pijama y lo dejé a un lado de la habitación, mas tarde lo recogería.
Después entré dentro de la bañera, llenándola hasta la mitad de agua ardiendo.
Era algo que me encantaba, no podía soportar bañarme con agua fría. Aun en verano, necesitaba el calor que proporcionaba el agua.
Comencé a limpiar mi pelo, para después pasar a mi cuerpo, asegurándome de quitar su olor y sus marcas, aunque sabía que no podía borrar ese momento, froté fuertemente la esponja contra mis piernas, mientras las lágrimas comenzaban a salir en silencio.
Pasados unos cuantos minutos, dejé de frotar resignada mientras sollozos involuntarios escapaban de mi boca.
¿Por qué? ¿Por qué me ha pasado esto a mí? ¿Que he hecho para merecer esto?
Eran demasiadas preguntas sin respuesta.
Cuando el agua se volvió fría, salí de ahí enredándome en una toalla, mientras comenzaba a secar mi pelo con otra.
Después comencé a vestirme con su ropa, desde sus pantalones a su sudadera, que me quedaban enormes.
Me puse frente al espejo para verme, mi pelo mojado desordenado, mi piel pálida ahora con un poco de color, mis ojos ya no hinchados...estaba más presentable.
Salí del baño y caminé hasta la mesita, cogiendo uno de los bollos de pan y mordisqueándolo.
La puerta fue golpeada dos veces antes de que la voz de Harry se escuchara.
-¿Sam?-preguntó-¿Puedo entrar?
-Pasa, Harru-contesté.
Él entró en la habitación caminando hacia mí mientras yo seguía comiendo mi bollo.
-Creo que mi ropa te queda un poco grande, ¿no?-bromeó sonriéndome.
Levanté mi brazo y le di un golpe con la manga sobrante.
-¡No me digas!-ironicé.
-¡Oye, pero no me pegues!-protestó mientras volvía a pegarle.
-¡Te lo mereces!-contesté.
Él me atrapó en un abrazo inmovilizándome. Me reí mientras Harry posaba su cara en mi hombro.
-Tienes el pelo desordenado, como un loco-murmuró contra mi cuello.
-Mi pelo aprendió del tuyo, señor ricitos-contesté.
-¡Oye, que mis rizos son sexys!-protestó separándose.
-Claro que si, señor engreído.
-¡Pero serás mala!-murmuró.
-Aprendo del mejor-respondí sonriéndole.
Él sonrió antes de coger un mechón de mi pelo, comenzando a jugar con él.
-¿Qué estás haciendo?-pregunté extrañada.
Harry se encogió de hombros.
-Ve al baño, en el cajón derecho pequeño hay un peine. Cógelo y tráelo.
Fruncí el ceño antes de obedecerlo, volviendo al baño y cogiendo el peine. Cuando salí, Harry estaba sentado en la cama, con su espalda apoyada en el cabecero de la cama.
-Ven aquí-murmuró dando palmadas en el colchón, justo delante suya.
Le hice caso y gateé por la cama antes de sentarme delante de él, mirándolo.
-Date la vuelta-susurró.
Cuando me di la vuelta, Harry me agarró de la cintura, levantándome hasta posarme entre sus piernas, mientras comenzaba a peinarme lentamente, con cuidado de no hacerme daño.
-Podría acostumbrarme a esto-susurré relajada, fascinada por el cuidado que él mantenía intentando no tirarme del pelo.
Noté como él sonreía sin contestar inmediatamente, sin dejar de peinarme.
Hacía muchísimo tiempo que nadie hacía eso. Era tranquilizador, especial.
-Harru..-susurré media adormilada.
-¿Que ocurre, princesa?-murmuró sin dejar de peinarme.
-Esto es demasiado relajante, cuando me peinas me duermo-mascullé antes de escuchar su risa.
-Espera un poco, pequeña-contestó antes de besar mi pelo.
Con cuidado, él comenzó a dividir mi cabello en tres partes, cruzándolas varias veces, haciendo una trenza perfecta.
-¿Tienes alguna goma de pelo?-susurró, sin romper la magia del momento.
Levanté mi mano hacia atrás, enseñando mi muñeca donde colgaban tres negras.
Harry continuó con la trenza, hasta finalizarla y atarla con la goma.
Después, me rodeó con sus brazos, posando sus manos en mi estómago, produciéndome un escalofrío.
-¿Demasiado rápido?-susurró, refiriéndose a su toque.
-No, estoy bien-contesté cerrando los ojos y apoyándome en su pecho.
-¿Qué va a pasar ahora, Sam?-murmuró.
-No lo se, Harry. No lo se-susurré.
Y era verdad, estaba completamente perdida, como en un laberinto en el cual había que encontrar la salida correcta, pero yo no sabía cual era. Estaba perdida, no sabía que camino tomar.
OMG! que mono es Harru, es para comerselo.
ResponderEliminarHaber me estas liando mucho con sus edades, no me dijiste que ella tenia 13 y el 15, como es que ahora se llevan un a*o, explicamelo porque me lias demasiado.
Por otra parte te digo, Sam tiene que tomarse una pastilla o algo no se vaya a quedar embaraz***. ESO NO ME GUSTARIA NADA!
Y yo si se que deben hacer, DENUCNIAR A ESO IMBE*** Y QUE SAM SE VALLA A VIVIR CON HARRY!
SIGUE QUIERO SABER QUE PASA.
Tu amada y fiel lectora.
~ Sam
Harru es muy mono, lo sé.
EliminarAver, aclaración. No se porque diantres te dije que él tiene 15, pero en realidad tiene 14. Sip, hasta y me confundo a veces.
Ajam,,,yo me callo, la verdad es que debería, peeero...
JAJAJA Ya, ya, pero que quieres? Ella tiene miedo! Se irán a vivir juntos, ya verás.
Seguiré pronto!
Gracias por leer. Ania
Me encanta es perfecta siguela pronto
ResponderEliminarMe alegro de que te encante, subiré pronto
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