viernes, 18 de octubre de 2013

Prólogo

Recuerdo perfectamente el primer día que el monstruo que se hacía llamar mi padre me levantó la mano. Tenía unos 10 años y él acababa de llegar a casa borracho, como otras tantas veces.
-Pequeña y asquerosa mocosa, ¿donde estás?-rugió tambaleándose mientras entraba en la cocina.
Yo me encontraba escondida en una esquina esperando a que no se diese cuenta de donde me encontraba. Esos días se había vuelto mucho más agresivo y cada vez me daba más miedo.
-¡No te escondas, puta!-gritó mientras su mano agarró fuertemente una de las sillas de la mesa, intentando mantenerse de pie.
Recordaba como yo había cerrado mis ojos fuertemente mientras suplicaba que él no me hiciese daño.
-Vamos, pequeña. Papi no te va a hacer daño-murmuró intentando sonar cariñoso y fallando estrepitosamente.
Era penoso mintiendo. Sabía que me haría daño, de eso estaba muy segura.
Me acurruqué más entre la pared y la nevera, procurando no hacer ningún ruido mientras me apretujaba contra la pared de piedra, clavándome algunos salientes de ésta.
El miedo se apoderaba de mi pequeño cuerpo mientras él seguía buscándome, recorriendo cada hueco de la cocina.
-¡Ahí estás, pequeña mocosa!-gritó antes de lanzar su brazo que agarró mi pelo, levantándome y produciéndome miles de pinchazos de dolor por toda mi cabeza.
-¡Eres una jodida bastarda!-siseó antes de lanzar su otra mano, que golpeó mi mejilla estrepitosamente.
Grité de dolor mientras él me lanzó contra el suelo antes de gritarme e insultarme, para después irse de casa, seguramente de nuevo al bar.
Quedé ahí tirada durante minutos, quizás horas sin poder levantarme. El dolor recorría mi pequeño y frágil cuerpo impidiendo poder levantarme.Gemí mientras intentaba ponerme en pie para poder irme a mi habitación y llorar tranquila.
Ese monstruo me había gritado muchas otras veces, pero no hasta tal punto de llegar a levantarme una mano y golpearme.Desde que mi madre había fallecido, él había comenzado a beber y a llegar borracho a casa, a gritarme y a culparme de que yo era la causante de la muerte de mi madre.Yo procuraba esconderme y llorar cuando él no estaba en casa, pues no quería darle el gusto de ver que sus palabras me afectaban, pero esa vez había llegado demasiado lejos.
Me escondí bajo la única y fina manta que cubría mi cama y me acurruqué formando una bola mientras sollozos involuntarios escapaban de mi garganta.Las lágrimas se derramaban por mi pequeña cara mientras pensaba en todo lo ocurrido. 
Yo solo era una pequeña niña de diez años a la que trataban mal en clase y era una marginada. Siempre estaba sola, a excepción de él. Solía llegar a casa y preparar la comida, si es que había, para mi y para el monstruo. Cuando él llegaba, solía comer solo mientras yo estaba encerrada en mi habitación haciendo los deberes. Después él se iba de casa, lo sabía por el portazo que daba cada vez que cerraba la puerta. Ahí yo salía de mi dormitorio y corría hasta la cocina asegurándome de que él no estaba, para después comenzar a lavar los platos y limpiar todo, para no despertar a la bestia cuando llegase de nuevo. Pero cuando él llegaba a casa borracho, comenzaba a insultarme hasta que se encerraba en su habitación o volvía a marcharse.

De eso hacía ya tres años, y nada había cambiado. Bueno, en verdad algo sí, mas bien dos cosas.
El monstruo ahora me pegaba como aquella primera vez, pero tenía un amigo conmigo.
Mi amigo, Harry, era un chico muy bonito con sus rizos castaños y sus ojos verdes como las esmeraldas. Él había llegado nuevo al pequeño pueblo, y era justamente mi vecino. Desde un principio Harry me defendió de todos los que me insultaban y me criticaban, ganándose mi cariño y gratitud.
Sus padres era un amables y cariñosos conmigo, los había conocido el único día que había ido a su casa. Ese mismo día, en su habitación, yo le había contado todo lo que me pasaba, desde mi padre hasta las brutales palizas que me daba, mostrándole varias marcas que me habían quedado de la última vez que me había golpeado.
Él se enfadó con el monstruo e intentó ir a por él, pero Harry solo tenía catorce años, y sabía que el que se hacia pasar por mi padre podía hacer que mi único amigo acabase peor que yo.
Conseguí tranquilizar a Harry y conseguir que él me entendiese y no intentase ninguna locura. Desde ese día Harry se unió más a mí, hasta acabar siendo mejores amigos. Siempre estaba conmigo y me cuidaba cuando el monstruo se iba. Estaba a mi lado protegiéndome y cuidándome, incluso curando las heridas que ese bicho asqueroso me dejaba.
Harry insistía e insistía en que le dejara acabar con el monstruo, pero yo seguía sin acceder. Si podía pegarme a mi....¿qué podría hacerle a Harry? La sola idea de ver a mi amigo ser golpeado por el bicho me producía escalofríos y tenía miedo, no quería que eso pasase. Era tan importante para mi, mi único y mejor amigo, que la sola idea de perderle me mataba.

8 comentarios:

  1. ME ENCANTO! POBRECITA! E DA PENITA! QUE MALO ES EL PADRE! Y QUE BUENO ES MI HAZZA! SUBE PRONTO!

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    1. Hahahha si, la pobre está muy mal, pero bueno. El padre es un cabrón, lo se. Harry es un amor de chico, ya verás.
      Espero poder subir pronto.

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  2. Si te doy mi opinion sincera no me gusta nada, pero escribes bien. Solo que el argumento no es tu punto fuerte...igual un poco cruel todo no? Pero sigue escribiendo que mi critica no te quite la ilusion de seguir.

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    1. Gracias por decirme lo que piensas, de verdad. No, l averdad que no es lo que mejor se me da, pero bueno, no me voy a rendir tan fácilmente. Si, cruel al principio, después...bueno, ya se verá.
      Seguiré escribiendo, no te preocupes.
      De nuevo, gracias por darme tu opinión.

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  3. AAAAAG *------* LOS AMO, ONE DIRECTION, I♥U

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